En nada y pensando un poco en todo veo como la historia se repite. Tomando los noviembres como referencia. Veo como la realidad junto a la magia de la física del tiempo supera casi cualquier escena idéntica llevada a la ficción.
Nuevamente ya está aquí y nada ha cambiado.
Quizás porque estos últimos años mirados, y esperados con mayor inquietud, esperanza. En parte motivado intensamente por la complejidad sumada caprichosamente con el transcurso a circunstancias familiar. Más, que por deseos propios.

Recibiéndolo pues con mayor desesperanza. Viéndole cómo “burlonamente”, cruza veloz ante todo y con idénticas escenas repetidas. Otras permanecerán una vez más relegadas a un nuevo período en la intuición.
Y sinceramente desanima, porque con indiferencia e independencia al ajetreo y trámites formalizados durante tantos años para que a estas alturas las cosas fuesen algo diferente no rematan, convirtiéndose en realidad  por ningún camino, transformándose aún como más laberintos. Y desalienta.
Su ejecución vendría a formar parte de una situación de movilidad normal, en recompensa a una dedicación constante.
Nada termina en realidad por tumbar un techo infranqueable, ¡Y cuánto, cuánto… cuánto diario cambiaría!

Aún manifieste a la exageración, en breve con el aire o fina lluvia de la época; calles, tiendas, plazoletas, restaurantes, centros culturales, centros comerciales se encontrarán aún más encantados e inundados del bullicio de gentes: adultos e infantiles; grandes y pequeños: La edad no rivaliza con sensaciones e ilusiones.

Sonidos armoniosos y envidiables.
Luces, adornos engalanaran aportando vida a rincones insospechados así como a los esperados… Planificando o retocando repertorios, representaciones, actividades, ensayando, trabajando, pensando ¿qué, dónde, cómo crear? concentrar, etc. Sin jugar a la adivinanza: Celebración Navideña.

Más de once años imaginando el siguiente, sin ánimo en desanimar; aunque con el rabillo del ojo viviendo y poniendo escenario y efectos particulares para la imposibilidad no afecte al actual.

Pero sin embargo… Sin embargo, este noviembre de este año, la desilusión y desesperanza crece… Veo irremediablemente como disminuye posibilidad alguna en ver, colarme a alguna parte de ellos. E igualmente no sólo por ésta época festiva; sino por los días de éste ya llegado aquí noviembre, que ahora transita y como los que de aquí en adelante vendrán, imparables e implacables, y juntos, imposibilidad en sentir aires de libertad, vivencias, aventuras; con familia, amigos/as.
Juntos sentados en cualquier rincón, viendo u escuchando las gentes pasar. Sin necesidad de proveer grandes elementos para la ocasión. Únicamente nuestra compañía, lo más valioso para pasarlo inimaginadamente.

Si algo tengo cada vez más claro es que, el tiempo pasa y que la libertad, es algo que todos tenemos o deseamos tener (…)
Hasta que ¡zas! un inesperado, sin previo aviso y sin realmente dar cuenta, la vida cambia. Las circunstancias cambian.
En resumen lo que menos importa, es cuanto cambia la vida ante cualquier inesperado, sinocómo cambia.
Porque adaptarse a una situación “no es problema”, la situación siempre es apañable; pero, ¡la pérdida de libertad! Esa es una de las situaciones a las que aceptar, no sólo es de lo más duro a lo que cualquier persona deba enfrentarse, sino incomprensible.
Puede darse cualquier situación a salvar, pero sin libertad nada hay capaz de apañar… Sin libertad…

Dejaré de pensar. Regresaré y continuaré, para levantarme un nuevo día, de éste y nuevo noviembre, al que merecer ser llenado de cómplices muecas junto a escenas inventadas de libertad, a espera de otro noviembre… ¿Tal vez, antes?…

Para terminar con un toque de ironía, qué mejor que de la mano de Groucho Marx.
-“No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”-.