Un Día de Compras

Las sensaciones que se pueden llegar a sentir en un día de compras, las puedo comparar con las que se podría tener en un parque de atracciones. Claro que, en esta ocasión las emociones son dispares al igual que indudablemente menos gratas.

Pocas veces, aseguro que contadísimas, he escuchado hablar sobre ello, y esto es tan importante como cualquier otra barrera en afrontar, ya que, ésta también forma parte de ese conjunto de “obstrucciones” que se deben erradicar.

De ahí, que comento el título como: un día de compras. Lo digo porque, salir de compras es un hábito que además de cotidiano, es necesario para nuestros quehaceres diarios, relaciones interpersonales, etcétera… Y como de forma más prioritaria para la subsistencia de nuestra vida.
A la que hasta hoy, muy pocas personas se han preocupado en que esto sea diferente.

Pienso es fácil dilucidar, si lo es o no. ¿Podemos todas las personas ir de compras?.

Mi respuesta es NO… Hoy por hoy, me atrevo afirmar que el 98% de los pequeños y medianos establecimientos comerciales, no se encuentran adecuados u accesibles en sus entradas principales, llegando a ser este todo un handicap para quienes tengan problemas de cualquier calado, ya sea tanto en su movilidad como en lo visual.

Cuando digo, problemas de movilidad; no sólo me refiero a quienes vamos en sillas de ruedas, que somos quienes los que principalmente más dificultades presentamos a la hora de salir de compras (en este caso del que hablo concreto).
Con lo que de esta forma pretendo mencionar a todos quienes también, tienen que usar muletas, poseen reducidas su movilidad en sus miembros inferiores, emplean bastones, andadoras, etcétera, etcétera…

Las entradas, suelen ser en muchos casos vertiginosas y en otras el acceso esta basado mediante un aparente simple escalón; haciendo imposible que las sillas puedan rebasarlas con normalidad.
Pensad, que sólo y, para que os hagáis una idea. Son únicamente necesarios diez “escasos” centímetros, para que esta situación se produzca con total ligereza; originando la imposibilidad de acceder al establecimiento deseado.

Indudablemente, la situación tiene alternativas que no son agradables y que mucho menos hacen que la igualdad se refleje en este apartado de la vida de cada uno, ya que, las necesidades que yo o cada uno pueda tener por sus circunstancias de salud, no significan que no tenga que cubrir necesidades tan básicas y personales, como la de quién no sostiene dificultad alguna.
Es más, en muchas ocasiones somos quienes más necesidades tenemos de uso en productos (esto no significa seamos raros, simplemente nuestras necesidades en ciertas cosas son mayores, u de otras características).

Por lo que se pueden originar diferentes circunstancias como estas:

– Si vas acompañado, podrías optar a comprar de forma simulada, teniendo a tu acompañante como mediador entre lo que deseas y el establecimiento.

– Si fueses sólo, la situación se tornaría compleja, ya que, o bien deberías pedir ayuda para entrar: como si fuese la sillita de la reina (a esto hemos jugado creo que todos); u otra opción.

– Si fueses sólo, sería la de quedarte en el exterior sin poder acceder al interior, siendo imposible realizar la compra, a no ser que, como extra pudieses hacerlo si tuvieses la fortuna de que te quisiese atender una amable dependienta/e dispuesta/o a acercarnos hasta donde nos encontramos en el exterior del comercio que atiende los productos u muestras que le vamos mencionando: Tamaño, número, color, marca, estilo, etcétera.

Es aquí donde comienzan las sensaciones, ya que, al quedarte en el exterior en medio de la calle ocupando parte de acera, además de estar en el lugar por donde transitan otras gentes que se encuentran realizando sus obligaciones, no es realmente nada agradable.

Porque, mientras la(el) dependienta(e) entra y sale, tú, te encuentras en el exterior viendo como la gente pasa a tu lado, o bien, entran al mismo recinto para hacer sus compras, mientras tanto; tú estás allí, observando como se quedan mirándote extrañados sobre tu permanencia en el lugar, con la sensación de si constituyeses parte de un escaparate al que miran con incredulidad y extrañeza constante.

Siendo entonces, cuando las sensaciones e impotencia de no saber que hacer, extrañeza, junto a la infinidad de preguntas que te asaltan siendo incapaz de responder deambulan por la cabeza; como:

¿Porqué eso está así? ¿Porqué no puedo entrar como todo el mundo? ¿Hasta cuando esta situación? ¿De quién depende? ¿El propietario no tiene problemas o conoce quién los tenga?. Así como el sentir que te manipularan y llevarás sólo aquello que te quieran enseñar y no otra cosa que a lo mejor verías y te apetecería comprar.

Sensaciones, que no escapan a la situación del momento, mientras tu cabeza no para de formular preguntas; a la vez que te sientes diferente del resto de la gente que ves como con total normalidad entra y sale con sus bolsos de productos; mientras tú esperas a que te muestren algo que vas en ocasiones nada más que mirando.

Pensamientos que no desaparecen y dejan de dar vuelta una vez de regreso a casa, continuando la cadena de preguntas y sensaciones.

Esta situación, para mi no es normal, y como tal no comprendo como los propios propietarios de estos establecimientos no se den cuenta que esto sucede, aún, en estos tiempos donde la accesibilidad está tan presente, para solventarlo, o sino, de forma temporal buscar ciertas alternativas provisionales, hasta dar con la definitiva.

Lo que sí creo igualmente, deberían de implicarse en este tipo de cuestiones los propios Centros de Iniciativas Turísticas de los pueblos y ciudades, Ayuntamientos, Asociaciones de Comerciantes, así como las Asociaciones de Discapacitados, que deberían trabajar de manera más acérrima, por que esto tuviese algún remedio.

Una vez hecho mi comentario-queja, y como no sólo creo es fácil decir lo que vemos no esta bien, también apostaré por ofrecer desde mi punto de vista, posibles soluciones que hagan que esto no siga ocurriendo y que muchos sentimientos como los descritos no continúen dándose.

Reconozco no tengo conocimientos técnicos, pero si creo que con imaginación, junto con un poco de compromiso, esto, es salvable sin costes elevados.

Puede, que lo que comente no se ajuste a lo vistoso, pueda resultar incluso una locura, nada útil, inviable, etcétera. Pero aquí sin embargo las quiero reflejar.

Hay alternativas, que podrían ser como poner pequeñas rampas de aluminio cogidas al propio suelo, sin eliminar espacio de las aceras o bien agregarlas directamente de cemento, desde la parte interior del propio comercio hacia el exterior, realizando de esta manera una rampa que va pasar a formar parte del mismo suelo del comercio, sin tener por ello que ser un gran rebaje.

Una vez compartida esta vivencia tan real como la propia vida; sin estar sacada de ninguna historia o fantasía. Deseo, sirva para que alguien reflexione al respecto sobre estas cosas que aparentemente no son tan visibles como las que sí lo son.

Pudiendo lograr decir; que ir de compras es una actividad amena.

By | 2017-06-19T19:26:58+00:00 marzo 30th, 2007|Quejas|0 Comments

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  1. liamngls 31 marzo, 2007 at 15:52

    La mayoría de tiendas suelen tener la entrada al nivel de la acera o un pequeño escalón no muy pronunciado. La cuestión es que si no puedes acceder seguramente al lado haya otra tienda en la que si puedas entrar … así que … ellos se lo pierden 🙂

  2. munmami 1 abril, 2007 at 21:41

    Hola Liamngls.

    La mayoría de tiendas suelen tener la entrada al nivel de la acera o un pequeño escalón no muy pronunciado.

    No estoy en acuerdo con ello. Claro que, puede dependa de la zona donde te muevas incluso de forma generalizada del lugar al que se pertenece. Pero, por mi experiencia y por otros comentarios que me han llegado por personas que suelen moverse mucho más, no es fácil el acceso a cualquier comercio, incluso en zonas turísticas.

    Fíjate, que el máximo para que la silla en este caso no supere el nivel, son de diez centímetros; ¿sino porqué los rebajes de las aceras?, ya que si es eléctrica derrapa y puedo no terminar subiendo y si es manual y no cuentas con la suficiente fuerza para subirlo, comienza hacer uso de la imaginación…. 😉 Acabas cansado; todo depende de la fuerza que se tenga para el manejo. Con lo fácil que sería tener un acceso adecuado…

    No puedo pensar, alguien que le cueste caminar u hacer esfuerzo para pasar un escalón. Sé, puede parecer insignificante, pero en realidad tiene más importancia de la que le damos.

    La cuestión es que si no puedes acceder seguramente al lado haya otra tienda en la que si puedas entrar

    Esto es, como si tú por poner un ejemplo; deseases irte a comprar un Pc a un determinado sitio que sabes puedes encontrarlo y como no puedes entrar porque no se puede, tienes que buscar otra tienda que lo tenga, y todo ello esperando la tienda no esté en la otra punta… ❓

    Claro que, si me pongo a mirarlo por el lado positivo, buscaré y buscaré otra tienda a la que poder entrar: aunque puede ser como buscar una aguja en un pajar. 😉

    Hay cosas que pueden cambiarse sólo con un poquito de voluntad y no tener que pasar por estas situaciones, sensaciones, etc… Si al final, no es más que pensar que aún siendo privado con servicio público, se puede prestar el mismo servicio a todo el mundo por igual.

    Saludos 🙂

  3. liamngls 2 abril, 2007 at 0:51

    Estamos de acuerdo y no estamos de acuerdo.

    Veamos: Una persona en silla de ruedas va a una tienda y no puede acceder porque tiene un escalón demasiado alto, puede quejarse, puede denunciar y puede hacer todas estas cosas que sabemos, pero sigue sin poder entrar en la tienda. Quizás tras poner una queja en consumo con el paso de las semanas o los meses si vuelve a pasar por esa tienda ya pueda entrar porque hayan rebajado el escalón o adaptado algún tipo de acceso tipo rampa; pero mientras eso pasa o no pasa su opción es irse a otra tienda o ir acompañado de alguien que le ayude.

    Supongamos el caso en la calle Preciados en Madrid, hay tiendas que tendrán un escalón más grande o más pequeño para entrar pero habrá otras en las que no habrá escalón, yo optaría por entrar directamente en el segundo tipo de tienda y dentro de lo posible que el dueño de la primera tenga conocimiento del hecho (a nadie le gusta perder dinero).

    Luego, evidentemente hay casos y casos, cabe la posibilidad de que no exista una tienda de las características y temática que me interesa por la zona y desplazarme puede ser un problema aún mayor … pero … seguiría sin poder entrar por mis propios medios y mientras la tienda soluciona o no soluciona la papeleta el tiempo corre y quizás necesite comprar lo que sea lo antes posible.

    El Ministerio de Comercio debería dar solución a estos tema y en el caso de tiendas pequeñas que no tengan obligación de adaptar sus accesos darles la ayuda económica necesaria para hacerlo porque por norma general el que no se va a preocupar es el de la tienda ya que hablamos de mejoras para una minoría de la población.

    Es triste, pero es así 😕

  4. munmami 10 mayo, 2007 at 21:08

    Ciertamente, estamos de acuerdo en que la realidad es así, pero sin embargo, ¿no es posible modificarla? ¿de quién depende?. Me reafirmo que esto no tiene porque ser así, depende de los propietarios principalmente el que todos podamos entrar, sin tener que darse la situación en la que verme en la tesitura de optar por irme a un sitio u otro a comprar o disfrutar del día.

    En realidad la minoría no pienso sea tanta…. hay muchas personas con dificultades en el movimiento, otra cosa, es que no se quiera admitir; y ello entra el que hay que tener las instalaciones adecuadas con posibilidades de uso en todo el comercio.

    Ya hoy en día, los comercios de recién creación deben abrirse con sus estructuras adaptadas, y aquellas que hagan reformas en los mismos, deben hacerlo de igual manera en aquellas zonas que restauren u modifiquen.

    Si al final, no es más que poner un poco de interés…

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