¡Me siento tan afortunada con la luz que emana la vida! A cada paso que doy compruebo el resplandor de su existencia: «La vida son dos trazos y un borrón».

Dichosa por lo que poseo y por lo que me rodea. Convencida de que es extraordinariamente hermoso contemplar lo que alberga en el alma de la humanidad cuando se traza el camino con pureza y reconciliación a pesar del borrón que nace del deseo de desarrollarse. Lo contrario del depravado que enloda el mundo de deshonestidad y hostilidad.

Una luz por la que he de sentirme siempre agradecida en un camino que forjo inseparable con «dos trazos y un borrón».