No puedo dejar pasar el día tan especial que es hoy para todos cuantos vivimos en la isla. Ya podemos ser más o menos creyentes, hoy se trata de uno de esos días, en los que como bien decimos… -“Todos los caminos de forma especial vuelven a llevar hasta la Villa Mariana de Candelaria”-.
Día especial sin lugar a duda, porque nuestra madre la Virgen de Candelaria, celebra su onomástica, y no podemos dejar de ir a visitarla y agradecerle todo cuanto nos cuida y nos quiere.

Amiga de todos, madre de todos. La Virgen de Candelaria, nuestra morenita, abre las puertas de su preciosa Basílica para acoger y encontrarse en un nuevo año de peregrinación por montes y carreteras de la isla, a pie, en coche, a caballo, en bicicleta, en patines, corriendo… Cada quién con su esfuerzo personal, yendo de norte a sur, de este a sur, de oeste a sur, y de sur a sur a encontrarse unos minutos con su madre, también mi madre, pues aunque no pueda desplazarme lo hago desde el corazón. Quién se acerca hasta ella le contará con tan sólo una mirada todo aquello que el corazón siente, y vive; personalmente sé que también me verá y escuchará tal como si estuviera presente frente a ella.

Así con el corazón engrandecido y conmovido por esta experiencia que es un regalo del cielo, tras tantas cosas grandes que acontecen en mi vida, y como madre me cuida y quiere, realzaré, lo que por este mismo día, y sobre la hermosa Virgen de Candelaria escribí.
Toda una experiencia y cada una de las emociones que se sienten al ver una imagen de la Morenita, tumba cualquier atisbo de duda en la necesidad por sentirse querido y protegido.
Me reitero. Da igual si se es más o menos creyente; a boca llena o entre dientes; ¿quién no llama alguna vez, por su madre o su padre? Es decir, por la Virgen o Dios.

El deseo del corazón es más poderoso, negarnos a él, es negarnos a nosotros mismos.