Veinte años

Después de que han transcurrido más de veinte años sin apenas vernos, acabo de caer en la tentación de recordarte. Me hallo en este lugar, en donde sitúo el espacio pequeño que me aleja del mundanal ruido, el cual, molesta a mis recuerdos, e inclusive, me ayuda a sentir el sosiego que necesito en mi espíritu durante el tiempo que acerco a mi memoria la última tarde de octubre cuando nos reencontramos, y mantuvimos una charla bastante amena en la arena de la playa de ‘el Socorro’. Entonces, parecía que no habían transcurrido tantas primaveras desde la última vez que estuvimos un corto periodo de tiempo juntos, cuando tú acudías en la guagua a practicar surf con el traje de neopreno, y la camisa de licra durante todos los días de la semana que la mar te lo permitía.

Jamás se me pasó por la cabeza que acabaría dando a conocer un sentimiento semejante. Sin embargo, después de veinte años, la vida nos concede la oportunidad de volver a encontrarnos una vez más, e inesperadamente, mi opinión sobre ti ha dado un giro de trescientos sesenta grados. Me satisface descubrir la manera como en la actualidad te relacionas con las demás personas, por lo cual, ya prácticamente no identifico al joven quien se divertía con el deporte, por afición, a la vez que se arreglaba sobremanera después de finalizar cada partido de fútbol e incluso al salir del mar. A decir verdad, no te imaginas la alegría que me ocasiona el hecho de que hayas modificado tu postura respecto de las relaciones personales. Y, entonces ocurre que sobreviene a mis ojos una lluvia a cántaros durante el tiempo que medito, y pienso que aún una parte de mi ser te quiere de manera profunda, donde, además, tiene la voluntad para que retornes porque te echa mucho de menos.

Todavía con cierta frescura, hago memoria a cerca de cuando aún conservamos la inocencia en las manos, y nuestra amistad pendía de un hilo. Tú, eras el chico guapo del distrito, a quien todas las chicas pretendían: Quien más goles marcaba en la portería del rival. Igual me sucede sobre la extraña sensación que sentí al erizarse el vello de mi cuerpo en aquella tarde de jueves, cuando nos sentamos el grupo de amigos al completo de cháchara en la acera de la calle, y tu mirada buscó a la mía, hasta que se tropezaron durante un instante distinto, y donde me abrumó. Desde ese mismo momento no bastaría el resto de mi vida para olvidarte. A pesar de que no llegaste a manifestar abiertamente el estado de ánimo que te produjo la situación, para mí, el hecho no pasó desapercibido. Con total seguridad, hoy, puedo declarar que yo no era el perfil ideal de la muchacha que tú buscabas por el mundo para que fuera tu esposa al cumplir […]

By | 2017-07-19T08:50:23+00:00 julio 19th, 2017|Personal|7 Comments

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