Riesgo de amar

No puedes comprender porqué me alejo acelerando el paso de los afectos cada vez que me dices cuanto me quieres, y la cantidad de veces en el día que extrañas mi presencia. Es tan grande el miedo que descubro en el momento que me muestras las emociones que expresa tu corazón hacia mi, que de manera especial prefiero contener el afecto que nace del mío. Tú no te das por vencido, y te mantienes constante. Sé que no podré impedir que mi corazón exprese el afecto por el que suspiro por tí, aunque me vaya a buscar refugio en El Nanga Parbat, la novena montaña más alta del mundo. Es absurdo que me niegue a mi misma la chispa de vitalidad que me proporcionas a cada rato, y también lo bien que me encuentro cuando estoy a tu lado. En un momento indeterminado por el hecho de permanecer cerca de ti soy capaz de cruzar dando brazadas el Estrecho de Gibraltar. Además, aunque nadie me pida que demuestre el amor que siento por ti me pongo el culotte y la camiseta de manga corta para enfrentarme en bicicleta por el desierto al calor y a la distancia en las peores condiciones que incluso yo misma pueda imaginarme. En la actualidad cuando creía que de ningún modo me aturde tu ausencia, me doy cuenta que si tu te vas, yo no sé que voy hacer. Mi vida se transformará en una imagen sin verdadera realidad, y no encontraré a nadie en el amor igual que tú, quien con la habilidad de tu afecto, de las caricias, y también de los halagos que me expresas saleroso, sacie la sed de mi alma, y colme mi existencia de experiencias que no pueda olvidar.

Igual que tú, tampoco entiendo porqué me comporto de esta manera en este terreno sentimental, sin embargo, no quiero que te vayas, y para ello, voy a resistir a mi falta de seguridad.  A partir de ahora pondré de manifiesto la incalculable pasión que atesoro en mi alma, y te amaré sin recelos en esta inmensa aventura de la que se compone nuestras vidas.

By | 2017-09-08T19:31:51+00:00 septiembre 8th, 2017|Personal|2 Comments

Antídoto

Cada vez que tú me declaras cuánto me amas, además de lo que me echas de menos, mis pensamientos no desisten de pensar en ti, y mi corazón agitado por tu amor, sólo logra estremecerse un poco más. Créeme amor; es tan profundo el afecto que ahora siento por ti, que ya, de una vez por todas comienzo a entender por qué en las ocasiones cuando me hablas me muestro tan insegura y recelosa de mí misma. En lo que llevo de vida, nadie me ha expresado un sentimiento de pasión, de alegría, también de intimidad e incluso de compromiso similar al que tú me muestras actualmente tan ardiente y lleno de pasión. Es entonces, por el miedo que nace en mi interior al qué dirán cuando me alejo de tu lado despavorida.

Me parece que todavía no te he contado una cuestión que me perturba desde bien niña, y no me ha dado la posibilidad de avanzar en libertad durante tantos años de mi vida. Quizás, hoy, sea el momento propicio para confesarme. Desde bien pequeña tengo alergia para expresar a los demás mi estado de ánimo, de la misma manera que me cuesta un montón manifestar cualquier tipo de afecto, ya sea con palabras o gestos físicos. En absoluto hago responsable a nadie de ello. Entiendo que las responsabilidades de mis actos solamente me pertenecen a mí. También es cierto, que nunca nadie me ha tendido la mano, ni tan siquiera me ha dado un abrazo; siempre me he curado sola las heridas, igual que en solitario alimento a mi alma. Sin embargo, y de la misma manera que surgen los milagros, tú has aparecido en mi vida, y desde entonces esta reacción alérgica ha desaparecido de golpe y porrazo con el antídoto del amor que tú me das.

Se han evaporado cada una de las excusas a las que me aferraba con la única intención de no exponer mi alma al peligro del desamor, y ya no voy a continuar enmudeciendo la sed de cariño que necesito calmar, asimismo, del calor que preciso que enciendas con tus besos y caricias. A partir de ahora, ya no le daré más vueltas a la cabeza; sencillamente, voy a expresar aquello que quiero, de la misma manera que le pediré al mundo aquel tipo de afecto que me escasea en cada momento. Por favor, si en alguna ocasión vez que recaigo en la desidia de mis temores, no dudes en volver a darme un sorbo del antídoto de tu amor, ya que, se trata de la poción para no agonizar en silencio de desamor.

By | 2017-08-27T11:13:14+00:00 agosto 27th, 2017|Personal|3 Comments

Reina de tus sueños

Aunque suene delirante, yo quiero ser tu princesa encantada, y deseo que tú seas el príncipe que acariciándome el rostro rompa el hechizo que se apodera de mis manos, de mis ojos, de mi pelo, de mi piel, y de mis pensamientos. Me miro en el espejo, y mis ojos apáticos no expresan ni tan sola una emoción. Entre tanto, a medida que se despereza la mañana y se eleva al punto más culmen del arrebato, se repite en mis pensamientos una y otra vez aquel deseo loco: «Regresa que te espero, reina de tus sueños». Búscame allí, adonde nace el sol, en donde se cruza el esplendor de su luz y de tu tierna sonrisa que me guía hasta la eternidad. En el castillo que sólo tú y yo conocemos, en donde roza nuestro afecto con la pasión de las nubes y el cielo. A pesar de que puede sonar por completo soñador, prefiero que la dicha se vuelva chiflada, a que la tristeza se convierta consorte de mi vida. De este modo, los dos nos conjuramos hasta la eternidad Reyes de nuestro afecto apasionado.

By | 2016-08-20T10:06:30+00:00 agosto 20th, 2016|Personal|0 Comments

Miradas

Me miras con el rostro totalmente desencajado haciéndome copartícipe de tus miedos, el anhelo y la pasión que mantienes por vivir. Cólmate de valentía y hazle frente a tanta inseguridad, empuñando en tu defensa el entusiasmo de tu alma. Sólo así, vencerás y vivirás sin tantos miedos que te paralizan en medio del camino. Mira al frente, convencido de que vas a gozar y a ser cómplice de este nuevo crepúsculo matutino.

By | 2016-07-27T09:30:47+00:00 julio 27th, 2016|RFR (Reflexiones, frases y rebumbio)|0 Comments

¿Quién puede negarse…?

¿Quién puede negarse a lo apasionante que supone vivir con pleno deseo en disfrutar de la familia, los amigos, los ratitos de ocio, las horas de la playa y de la piscina, los paseos de media tarde acompañado; así también los menos intensos, y que la propia vida pone en nuestras manos?
¿Quién puede negarse a darse cuenta del valor que tiene vivir y compartir la vida de modo desinteresado, más que el propio interés de querer a quién se quiere?
¿Quién puede negarse a no sentirse agraciado con las experiencias vividas, y las que a buen seguro dará hoy, mañana, pasado y siempre la vida?
¿Quién puede negarse a no salir de su mundo interior, cuando éste sólo crea aislamiento, soledad, angustia…?
¿Quién puede negarse a no sentir la pasión de la vida?

De uno mismo depende ponerle toda la ilusión, la chispa, la emoción y el sentimiento a lo que experimentamos y tumbar cualquier atisbo de aislamiento.
De uno mismo depende que la intensidad de lo que acontece, sea en mayor o menor medida emocionante; no hay nada, ni nadie, que tenga la fuerza suficiente como para coaccionarte a dejarte llevar por la desgana y la desidia.

No hay que negarse a disfrutar aun cuando se cree que la vida no vale la pena; “Lo dices con una boca tan chiquita, que ni siquiera te salen las palabras”…

¿Quién puede negarse a no vivir apasionadamente cada segundo de la vida, cuando la vida está más que viva?

Vivir con pasión, ilusión, alegría es apasionante. Un reto en cada ocasión que al acontecer será vivido con toda la pasión de sentirnos vivos.

By | 2015-07-19T10:15:36+00:00 julio 19th, 2015|Opinión bloguera|0 Comments

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