Pliegue a pliegue

Cuantas más veces pongo a mi capacidad intelectual al límite de su volumen, no logro que me quede grabada en la memoria el número de veces que me he fijado en las arrugas, y en las manchas de tu rostro dulce, e inclusive de tus manos marcadas por el esfuerzo realizado con el paso del tiempo. El pelo se te ha vuelto blanco por los años, ya, no puedes andar con celeridad, sin embargo, aún tienes la agilidad suficiente para caminar lentamente; a tu ritmo pausado. De la misma manera, han sido muchas más las ocasiones en las que he llegado a pensar que lo único que es capaz de arrugar los años, es la piel, y, exclusivamente la piel. Son infinidad de veces las que te miro embobada por la muestra de fortaleza que emanas por la vida a cuantos estamos muy próximos a ti. Por un momento, siento que es mi corazón quien se frunce delante de tus ojos profundos quienes me miran al mismo tiempo que me hacen cómplices de nuestra compañía. No soy capaz de describirte lo que significa el hecho de verte respirar a cualquier hora del día, y también de percibir que tu débil corazón aún no tiene mermada las ganas por vivir, y la convicción de la fe que pones en el mundo. Conmueves a mi estado de ánimo con la enorme alegría que ofreces con tu eterna sonrisa a las personas que quieres en aquellos momentos difíciles que vivimos, y donde es agotador el lapso de tiempo en donde hay que mantener la serenidad.

Con la lección de vida tan grande que me has ofrecido, ahora sé que, si mantengo perseverante el deseo de mi corazón, los años únicamente arrugarán a mi piel, y no a mi estado afectivo. El tiempo pasará de un periodo a otro, y sin embargo, no será el encargado de envejecer mi espíritu a pesar que en alguna ocasión en el tiempo, el cuerpo se pueda sentir hecho trizas de dolor por esta avería, la cual, me acompaña a cada ciclo de mi existencia, asimismo, la melancolía se presente sin avisar, o inclusive surja un hecho ingrato que me produzca pliegues en la piel.
Me sentiré fuerte y animada con el transcurso de los abriles. A cada amanecer, le agasajaré con una sonrisa cariñosa, igual que la que tú me ofreces cuando despierta el día. Al caer la tarde, te haré eternamente partícipe de mi constante gozo, con la cual, me llevaré a los años a mi terreno emocional; de la misma manera que tú me haces partícipe de lo que sientes a cada rato. De este modo, la dermis se impregnará de vida, a la vez que comenzará a sentirse joven con el transcurso del tiempo, y sin que nazca ni un solo pliegue por la piel de este cuerpo un tanto averiado, empero, absolutamente […]

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