La vida me habla a gritos, y con toda su cordura y todas sus fuerzas me dice que no deje pasar ni un sentimiento por alto, que no permita sentir la ridiculización que alguien pretenda hacerme, que no dé por bueno un simple ‘lo intento’, que no permita que otros decidan, y menos dé ningún valor a lo que intenten juzgarme… Por más duro e incomprensible que resulte sentirlo, la vida me habló muy claramente, y me dio todas las fuerzas necesarias para seguir fuerte, valiente y decidida para no dejar pasar nada; y aquí sigo.

Percibí su calor en cada una de las palabras que decía con un tono cálido, y los sentimientos captaron su fortaleza que han creído en todas esas fuerzas compartidas, y que nadie más supo o quiso darme. Y aquí sigo; siguiendo… Sin necesidad de ridiculizar, sin juzgar, sin ordenar, y sin bajar los brazos… Ahora, nos susurramos al oído lo que tenemos que hablar, por más duro que resulte sentir lo que ha de venir.