Pase lo que pase, los buenos sueños siempre permanecerán en el corazón. Siempre permanecerá lo mejor que vivo en esa parte del cuerpo al que nadie con ninguna artimaña podrá tumbar, ni desgastar.

Sin complejos, sin inseguridades ni egolatría alguna, pero con toda la humildad y generosidad los sueños de ayer también serán los sueños de hoy.

Aunque no crea que nada pueda suceder, y tampoco lo espere, la vida y la gente siempre termina por sorprender, y eso es un sueño. Sorprenden los allegados y aquellos que están en la distancia; poca importancia tienen los kilómetros entre unos y otros, pues si existe el deseo de soñar podré conquistar cualquier sueño por lejano que parezca que también esté.

En el momento que yo misma esté abierta y receptiva el corazón también se abre, y pase lo que pase no para de soñar.

Los sueños son cosas de uno, el amor es cosa de dos; por tanto, cómo no disfrutar de aquellos quienes están cerca, así de quienes están a algunos kilómetros, puesto jamás sé dónde podré conquistar los sueños que viven en mi.

Sin complejos, sin inseguridades ni egolatría alguna, pero con toda la humildad y generosidad, los sueños de ayer también serán los sueños de hoy… ¡Vivo para soñar!… ¡Sueño para vivir!