Expresar, dialogar, hacer. Siempre hay alguna cosa que se desea manifestar, entre palabras, gestos, miradas, hechos. La comunicación es indudablemente la base sobre la cual viajan cada una de las ideas, sentimientos, opiniones y demás elementos que nos muestran la relación y comunicación con todo el entorno. Se aprende y crece de cada una de las situaciones.

Aunque resulte contradictorio, nunca se habla y se hace demasiado. Quizás se hierra en las formas y actitudes, sin embargo, no en el hecho de expresar y hacer. Ya que, siempre habrá alguna cosa que se desee manifestar. Siendo, hasta los silencios más profundos, las manifestaciones más irrefutables que jamás han sido dichas.

El corazón es el baúl donde se aloja todo cuanto se vive, lo bueno y malo. Expresarlo también es una necesidad ¿Quién no la tiene a diario?
Nadie puede obligarte a sellar, a cal y canto, cualquier sentimiento u otra emoción natural; alegría, sorpresa, pena, anhelo, añoranza, decepción, emoción… Conscientes pueden negarse, por el contrario, en lo más profundo del deseo e intención permanecen; -sin torcer el brazo-, sin irse del interior hasta que no salgan de verdad afuera, sin querer ni permitirlo tampoco.

Las palabras y los hechos jamás deben faltar, expresar y hacer todo cuánto se siente, y se piensa.
Escribir, dialogar, correr, nadar. No dejar que el corazón se ahogue en “silencios impuestos”. Órdenes e indirectas de quién cree ser el dueño(a) de los demás.
Nada, ni nadie puede permitirse el hecho de sellar una parte tan personal y emocional ¿Porqué empeñarse en silenciar la rabia, impotencia, soledad, euforia, añoranza, comprensión, bienestar, confianza…?
Cada percepción, más que razón que forma parte de la vivencia.

Redoblando que, hablar y hacer, nunca se hace en exceso. Nada más grande que apreciar todo lo que se puede decir. Sin perder el sentido y la validez. No daña mantener una actitud dialogante, expresiva.
Tanto a enemigos, amigos, familia…
Sin dejar que influyan maneras y formas que no son personales, sólo por el hecho der aparentar y quedar bien; en voz firme, sin gritar ¿Cuándo acabará el mundo de las apariencias, las falsas impresiones? ¿Quién no piensa y habla? ¿Por qué creer y afirmar se habla más de la cuenta? ¿Quién lo mide? ¿Quién tiene el poder de la verdad absoluta? Preguntas y más preguntas que pueden sin duda, tienen una respuesta. La suya. No por ello así la menos válida, y excesiva.

Es tan difícil, por ejemplo, decir: “No quiero”, “No puedo”, “Quiero”, “Ayúdame”, “Dame un abrazo”, “Eres un tozudo”, “No te comprendo”, “Tengo miedo”, “Gracias”, “Te quiero”, “Me haces feliz”, mientras, cuando todos miran con cara de “Hazlo”, “Sí puedes”, “Te daría la mano, no lo hago… Rompo mi apariencia de fortaleza”, “Pienso, siento igual que tú…”, “También te quiero”, “Soy feliz contigo”, “Perdón”, etcétera, etcétera.
Maneras de negar una cosa y vivir. Silencios impuestos de una vida en el engaño.

La comunicación es todo, y por ello no debería estar sujeta a ninguna aprensión o tiempo; segundos, minutos horas de diálogo y hechos, no sobran, ni son mal gastadas; entre padres e hijos, compañeros de trabajo, usuarios, vecinos. Siempre cada una de las palabras, y gestos conlleva y aguardan algo importante.  Sin esperar a que sean los demás quienes muestren el interés o la necesidad de recibir el afecto y la comprensión, darlo y pedirlo.

Muchas maneras para expresar lo que se quiere, desea y hay que decir; al escribir, caminar, correr, mirar, andar… En definitiva, una forma de expresar vida, y vivir. Sentimientos y emociones personales que sólo a diferencia de las propias, a las de otros están exclusivas en las personas y circunstancias; ya que, de resto, ni nadie habla demasiado, ni nada es insignificante. Creerlo así, no es un total acierto. Errar y equivocarse, siempre que no sea a sabiendas, no es un error. Es un hecho casual, e interpretativo.

Ciertamente, hay situaciones en la vida, en las que también faltan las palabras. Quizás los menos, por eso, no se debe olvidar que hasta los silencios hablan. Además de entre los silencios, La complicidad también está en los instantes más importantes. Donde lo experimentado, en nada será igual.

La sociedad, no puede permitirse el lujo de eliminar de un plumazo, por pensamientos, miedos e inseguridades, y egoísmos las bases de la comunicación, sin tener nada donde camuflarse. Ser cada persona, guías y pasajeros de ideas, sentimientos, opinión, comunicación y demás elementos que mantienen activo el desarrollo y crecimiento personal.
Ser más comunicativos y expresivos. El tiempo de la vida pasa y guardarlo dentro, hace que caduque.

Así que, sin apariencias sin miedos a crecer; hablar más de la cuenta, y meter la pata cuantas veces pase. Expresar y hacer lo que se siente.

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