Ayúdame a no olvidar tu mirada, tus manos, tu voz, tus gestos, tus besos, tus pasos al andar, tu sonrisa contagiosa; no puedo imaginarme que puedo olvidarte y perderte para siempre, y se me encoje el corazón. Ahora no puedo permitirlo. No voy a dejar que mis emociones y mis sentimientos empiecen a olvidarte y a quedarse sin memoria tal que aquel tú y aquellas circunstancias hechas experiencias no han pasado por mi vida.

Soy la “dueña” de mi corazón, y no puedo permitir que desaparezcas como si no hubiéramos compartido nuestras propias experiencias, libres, con la certeza de que la propiedad del corazón se da cuando nos damos en auténtica libertad, con la solidaridad, y la honestidad de la que somos capaces…

No tengas prisa en mirarme otra vez para darme tu mano y así no sentirme sola. Escuchar tu voz calma la sed de mis inseguridades, en ciertos momentos difíciles cuando se me arriman las situaciones más inesperadas, curiosas y dolorosas me regalas la complicidad de tus gestos. Sin prisa, pero sin dejar que se cuele el olvido necesito decirte que tus besos son parte de tu complicidad en mis emociones, así en los ratitos en los que nos vamos a ver donde yo te cuento, y tu me cuentas cómplices los dos de nuestras vidas disfruto de tu particular caminar, siempre deprisa y armonioso.
No te apresures en contagiarme con tu sonrisa que a mí me llenas de vida en los instantes en que parece que mi vida se desinfla…

Por favor, sin prisas, te ruego que no desaparezcas de mi vida como si no hubieras pasado, pues me has marcado para siempre con tus emociones y sentimientos, con tu compañía y tu sinceridad; no quiero olvidarte jamás pero menos quiero no poder sentir tu presencia.
Sin prisas, pero vente que te echo de menos, ven, por favor.