Nos anticipamos a dar forma a pensamientos y comportamientos allá como creamos es acorde con lo que creemos que es, y casi el 90 % de las veces no nos acercamos aquello que habíamos prejuzgado; y hacemos daño de un modo gratuito, perdemos el tiempo en cuestiones que ni nos competen y menos son positivas para quien prejuzgamos, así para nosotros mismos; todo producto de miedos e inseguridades que se acomodan en la cabeza. Al menos así lo veo yo. Porque siempre recibimos una lección cuando hablamos por hablar, y cuando prejuzgamos de forma improcedente. Es decir, nos pasamos la vida con prejuicios raciales , sexuales, económicos, religiosos y sociales y resulta que no aprovechamos nada, y que a posteriori recibimos la cachetada de la vida.

Por ello, alguna vez tome la decisión de no prejuzgar, y he podido comprobar como la vida sin prejuicios crece y hace que uno se sienta bien, porque aprovechas cada instante y vives las cosas al instante sin aventurarte a lo que harán, quién será, qué dirá, qué pensará, será cómo será, creerá en lo que creerá… ¡qué poca importancia tiene todo esto si lo que de verdad importa es que sea buena gente, que viva y deje vivir, que comparta y permita compartir!

Y no esta la vida como para desaprovechar el tiempo, por tanto, sin anticiparme a nada ni nadie daré forma a estos pensamientos e ilusiones que deseo se realicen y aprovecharé cada hora, porque si dejo que pase, nada de éste tiempo será igual que ahora, y por tanto he de aprovechar la ocasión para dejarme llevarme por mi corazón así también de exponerlo a todo esto que siento dentro como un verdadero rebumbio, y dejaré sin prejuicios que salga y vea el sol, sienta el aire, e incluso se moje si llueve, la calima lo asfixie y haya que des-congestionarlo.

Nada de lo que puedo vivir será igual si permito que los prejuicios se antepongan a lo que siento, y no he de desaprovechar esta ocasión que hoy la vida vuelve a brindarme.