No puedo, ni quiero hacer ningún drama de las circunstancias que tengo que afrontar cada día, por el contrario, sí puedo, y sí quiero, hacer de estas duras circunstancias un drama repleto de carcajadas.

Si vivo lo que me toca vivir con descaro, sin darle ni una pizca de tregua para que haya ningún mal rollo, el drama se terminará uniendo a mi causa, y no querrá irse de mi lado por nada del mundo. A pesar de los pesares, querrá seguir acompañándome en cualesquiera que sean las circunstancias con una alegre sonrisa repleta de ilusión, fe, esperanza, cariño, humildad, serenidad, y generosidad… Fiel a lo que me pide el corazón, y sin dramatizar lo que pudo ser y es, o lo que puede ser y será.

Hasta el drama pierde su dramatismo si le doy una pizca de alegría, y eso, puedo y quiero hacer; sin un drama más…