Cuánto más siento, más compruebo que puedo sentir.
Cuánto más me detengo en pensar aquello de lo que soy capaz de sentir, no puedo más que seguir dando gracias a la vida por sentir de un modo verdadero, por permitirme querer, llorar, reír, soñar, creer, confiar… También, por no permitirme ser una cascarrabias, por no dejar la ilusión y la fe a un lado, por siempre decir y hacer aquello que me corre por el cuerpo, y por dejarme llevar al corazón al extremo de mis sentimientos… ¡Sentir es maravilloso!

Sentir y expresar lo que siento, es la mejor ocupación y la mayor estima para no permitirme caer en la desazón, en la rebeldía, ni en la malcriadez de cada circunstancia.

Cuanto más compruebo lo que siento, más ganas de sentir me dan, porque realmente ¡sentir es maravilloso!