Siempre que amanece nos despertamos con la sensación de estar bien, contentos, alegres, satisfechos. Una sensación que recorre el cuerpo y, anima a levantarte de la cama casi de un tirón. Buscas a las personas que quieres; nada más encontrarlas en el pasillo, en el baño, en la cocina, en el cuarto de estudio, regresando de comprar el pan… Le pegas un achuchón y le espetas, sin que lo espere un ‘te quiero’ con que comienza a sentir idéntica sensación de estar bien, contentó, alegre, satisfecho… Una sensación aún más especial, pues eres, o eras, ya hoy cambió el cuento por ser de las personas que nunca decías ni demostraban tus sentimientos.

La realidad, cuando nos despertamos, vemos, y sentimos que hoy puede ser el día en que comencemos hacer y decir aquello que sentimos y creemos, creándonos una sensación al medio del abismo de la emoción.
En realidad también, tenemos la necesidad personal de sentirnos queridos, y decir que también sabemos querer.
Despertamos con la sensación más eterna de estar vivos, sin desaprovechar esta ocasión que se nos vuelve a dar para mostrarnos sin máscaras a la gente que queremos y que nos quieren, siendo la mejor manera de agradecer que volvimos a despertar.

‘Te quiero amigos(as)’ ‘te quiero mama, hermano’… ‘Te quiero, vida’.