Restaurante con admisión… ¿de personas?

Actitudes y comportamientos como los que podemos leer en un restaurante a través del acontecimiento tan desagradable que los amigos Dabo y D. Fernando son condenables (ambas entradas sobre lo ocurrido vía: daboweb y sinlavenia).

Cuando lo único que pretendían no era más que pasar un tiempo entre amigos, y disfrutar de esos entrañables momentos de charlas, y de risas, como a todo nos gusta cuando nos reunimos un mal comportamiento, puede echar a perder la ocasión. Hecho éste que no terminó tan desagradable, y de lo cual me alegro que así fuera. Sin embargo, estas son las cosas que todavía me pregunto cómo es posible que sigan estancados en el mismo pensamiento arcaico y de escasa empatía en donde la naturalidad se pierde, y los tabúes florecen de un modo radical. Después de haber superado un cambio de siglo en el que las antiguas y las nuevas generaciones presumimos de comprensión, igualdad y normalización entre personas debe haber crecido no es este el mejor ejemplo de nada de ello.


Donde ya sea por cuestión de sexo u como en esta ocasión, como lo es la causada por el mero hecho de contar con una discapacidad.
Manifiestan como éstas son situaciones más frecuentes, y no tan puntuales; en la que podemos ver e incluso sentir, cómo la sociedad, o lo viene a ser lo mismo, las personas que pueden rodearnos, allegada u lejanamente, nos apartan de un camino, que es de todos y por el que nadie, discapacitado o no, no es mejor u peor persona para por él transitarlo.

Seamos sinceros y dejémosno de frases hechas, falsos comportamientos, etcétera, etcétera… y comencemos a realmente tratar a las otras personas con respeto. Ése mismo, con el que nos gusta y queremos nos den a nosotros en cualquiera sean las circunstancias.
Pues todos somos merecedores.

Y aunque sólo sea de forma simbólica, recojo un apartado de nuestra Constitución Española:

CAPÍTULO II

Derechos y libertades

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social…-.

En honor a la verdad, también hay que decir no todo el mundo mantiene esas formas. Sin embargo, para mí, con una sólo que ocurra y desde que exista dando origen a situaciones de este tipo, deben ser dichas y no silenciadas ni justificadas.

No digo esto con ánimo de “venganza”, no, el motivo es sencillo.
Si ocultamos, callamos. Estamos acatando y dando por válido y cierto un comportamiento que realmente no es el apropiado.
De ahí pienso, ya es hora pongamos en práctica todo esto que del trato, educación, y de las buenas maneras en definitiva, hemos obtenido como base de nuestra educación: principalmente de nuestros padres, además de aprendido y heredado de nuestros mayores.
No siendo el trato despectivo, entre otros, el que seguramente más, poco o nada, nos han inculcado.

Personalmente, puedo decir, no he cruzado en restaurantes o bares con personas como éste “señor”. Lo que sí hay es alguna mirada, pero, de ahí no pasan. Y las miradas, vienen precedidas (algo que imagino), a la falta de adaptabilidad de las instalaciones (no creo sea por como voy).
Pues, puestos a hablar de lugares públicos en cuanto a servicio alimentario, en gran porcentaje no permiten hacer un uso correcto o normal de las instalaciones (también ocurre con otros servicios).

Sin salirme del tema.
No quiero dejar de poner un pequeño ejemplo y muy cotidiano.

Algo básico, cuando vamos a un restaurante es tomar mesa, siendo desde ese entonces, momento en que comienza la película.
Las mesas, ya no sólo debido a su poca altura, unido con esas bases transversales que en ellas hay, dificultan e impiden incluso, que el joystick de la silla, reposa-brazos, etc. Nos permitan llegar a los cubiertos.
A esto, he optado en recurrir a la práctica de -soluciones- de personas que alguna vez le ocurrieron de igual manera, como: Quedar a media entrada de la mesa, comiendo así con no pocas dificultades o bien si los camareros están por la labor, colocar bajo las patas de las mesas, unos vasos, para dar altura, que lo soportan y bien (aún sorprendente, lo soportan) o utilizar también cuantos posa-vasos sean necesarios hasta llegar a la altura necesaria…
En principio, se monta un pequeño revuelo en el comedor o terraza del bar-restaurante; pero, tanto derecho tengo yo, como cualquier otra persona a consumir como quien lo esta en ese momento en el lugar o hará en otro momento.

No es tiempo de guetos, cuando constantemente todos hablamos de integraciones e igualdades.
Continuemos poniendo entre todos lo necesario, para que sin excepciones todos podamos hacer y disfrutar de la vida en la mayor plenitud y comodidad posible.
Sé, que nada será como la casa de la pradera y un mundo magnífico, (tampoco vamos a engañarnos) donde los errores no existen, pues, parte de esto entra en la diversidad general del ser humano. Pero sí, que si estos aparecen, no sean en momento alguno causa de la intolerancia de los mismos.

Además, no es bueno ni positivo para un chaval, escuchar o ver un trato vejatorio entre personas.

Tener la necesidad de hacer uso de una silla u otro elemento que facilite la autonomía personal, no es más que un adicional. Transformándose sin quitar o enmascarar la difícil realidad que tenemos diariamente solventado, sobre una circunstancia que acompaña a otra.

¿Porqué hasta que no nos toca de cerca, no nos paramos a pensar y mirar todo este tipo de situaciones?. Es entonces, cuando se suelen escuchar frases de comprensión, indignación, e incluso reivindicación, etcétera…

No debemos olvidar nadie está excepto para en cualquier momento, tener una necesidad determinada por muy minúscula que esa sea, y otra persona le discrimine.
Igualmente por un momento pensemos, ¿qué pensaríamos, sentiríamos, si ese vecino, amigo, y como no el camarero que todos los días habitualmente nos sirve el café nos trata mal?…

En esta ocasión, hablamos de que ha ocurrido en este lugar concreto, con ésta persona concreta. Aún así, quizás, en el momento en que me encuentro escribiendo esto, alguien puede estar discriminando o ignorando a otra persona o viceversa, alguién siente le están faltando a su integridad como persona.
Tajantemente no al victimismo; una cosa como la otra no es nada buena, ya no sólo para como nos relacionamos con los demás, sino a la visión que nos creamos a nuestro alrededor. Seamos realistas y comencemos a entonar algunos -mía culpa-.

Me cuesta creer después de lo que he podido ir obteniendo sobre antiguos comportamientos de este dueño del establecimiento, que lo modifique, ahora, si por algún motivo, alguna de las palabras que le hemos dedicado, le hacen reflexionar y cambiar su postura (no sé si algún día lo sabremos) es algo que le honraría.

Rectificar es una virtud, además del crecimiento personal que ella aporta. Más, cuando la rectificación viene dada del trato hacia los demás y de manera indirecta nos la damos hacia nosotros mismos.
Si por el contrario, y como pienso nunca nada de lo que se hace va a parar a saco roto estando siempre con el positivismo presente; y donde si las mismas sirven para que otra persona se pare a pensar y actuar de otra manera, la indignación que me produce lo ocurrido no desaparecerá, pero, si el haberlo contado ha hecho el efecto de pensamiento, no quedará sólo en algo escrito y expresado.

Definitivamente; ¿porqué no nos paramos a recapacitar de verdad cómo nos tratamos, y, si hay actitudes, ambiciones, que todo lo justifican?

Humildemente, creo que no…

By | 2017-07-12T21:03:30+00:00 julio 20th, 2008|Opinión bloguera|0 Comments

No Comments

  1. Dabo 28 julio, 2008 at 0:23

    Pues si amiga, sé que parece mentira que pasen estas cosas pero yo lo escribí como lo sentí…lamentable

    Saludos !

  2. munmami 28 julio, 2008 at 22:33

    Te diré con toda modestia, me parece muy bien lo hallas escrito, además de compartir lo sentido.
    No se deben esconder u tapar estas cosas; pues ya lo he dicho, pero, hacerlo para mí, significa acatar y dar por válido el mal comportamiento y anti-civismo tenido.

    Lo que siento mucho, es el trago pasado. Esto es algo me da coraje.
    Sí, ¡lamentable!.

    Tenemos que estar entre todos ahí para que esto aunque sea despacio, vaya cambiando.

    Saludos amigo 😉

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