Retornas a mis pensamientos junto al despertar de un nuevo día, y vuelvo amarte una vez más, vuelvo a quererte tanto como nunca antes te pude amar. Envuelves con todo el brillo que tu alma atesora a mi corazón, y lo colmas de pasión. De nuevo vuelvo a sentir en tí, del mismo modo que hallo en mí, el deseo ardiente de no perder el sentido de la dirección que nos guía para vivir experiencias inolvidables, juntos tu y yo, agarrados de la mano, y aferrados a la vida; sin la cantidad de miedos que solamente crean angustia, sin tanta desidia que es síntoma de nuestro descuido afectivo, sin los innumerables enfados que nacen del recelo de ambos, y también sin tantos prejuicios sin sentido que siempre surgen antes de tiempo, y los cuales nos conducen al caos más desordenado de nuestros sentimientos.

No te imaginas el estado de felicidad que emana por mi cuerpo ahora cuando de nuevo vuelvo aferrarme a tí. Cada vez que regresas a mi lado, despiertas con el brillo de tus ojos a mi alma, y se acrecientan mis ganas de salir a correr por el mundo. Compruebo que ninguna de las emociones que ahora siento forman parte de un sueño granuja. Ante toda la seguridad y la certeza de que llegas para no volver a marcharte, me abrazo fuertemente a tí; de la misma manera que me aferro a las personas que son especiales en mi vida, y soy testigo de la experiencia más extraordinaria que sólo el afecto es capaz de crear. ¡Te quiero tanto, como nunca antes pude decirte cuanto te quiero!