Abandona tu pensamiento. Deja de cuestionar quién tiene el regalo más preciado de la vida. Tampoco mires a los celajes, si quieres hallar la respuesta verdadera. No pasa desapercibido para tu mirada la realidad de quien posee el cariño, y la compañía más auténtica. También puedes hallarlo en tu generosidad e humildad. Puede que quizás estés distraído y perdido, buscando y rebuscando respuestas a lo lejos. Mientras serpenteas con tu mirada lo que acontece de un modo extraordinario cerca de ti cuando verdaderamente se compone de un bien cotizado para tu crecimiento personal.

            Tú, arrogante, no otorgas un ápice de valor a lo que se evidencia a tu vera: las sonrisas improvisadas, las miradas cómplices, los abrazos de consuelo, las palabras cariñosas, y la honestidad de quien comparte contigo su manera de ser. La humildad de cualquier ego, el carisma genuino, y la magia más personal que cada ser te ofrece, es sin duda, el regalo más hermoso y extraordinario que a pesar de no poder cuantificarlo, sí, te hace factible tomar consciencia del verdadero valor que atesoras en tu vida al mostrarse activo. Del mismo modo que has aprendido a captar el regalo que te ofrece la vida al mantenerte vivo. Sólo entonces es cuando te percatas de la veracidad y de la autenticidad de quien te muestra su afecto, sin que tu ego caprichoso no propicie que te cuestiones el conjunto de la realidad.

Has aprendido desde entonces a valorar y a comprobar lo que surge a tu vera sin que vuelva a pasar inadvertido para la mirada de tu corazón la autenticidad del tesoro que posees. Con independencia de la lejanía que me percibas, la mirada del afecto siempre perdurará cerca.