Sé que lo piensas y te lo planteas, porque yo misma en algún momento de desconcierto he llegado alcanzar ésta pregunta ¿qué sentido tiene vivir el día de hoy o la vida en sí misma? ¿Qué sentido tiene el tener que ir a trabajar, a la escuela o universidad, a resolver papeles, al médico, hacer las cosas de casa? ¿Qué sentido tiene tanta zancadilla, la envidia, el desapego, el egocentrismo?… Siempre llego a la conclusión; a que no sé qué sentido tiene tanta pregunta ni tanta majadería por todo éste pensamiento, ni éste carcome interior. Lo que deberíamos de hacer y lo que debe preocuparnos de verdad es disfrutar, es ser cariñoso, es ser risueño, es abrir y exponer el corazón a los sentimientos, es dar sin esperar, es emprender, es tender la mano a quien la necesita, es compartir, es ser humilde, y ver el verdadero valor que atesora nuestras vidas; sin darle más importancia a quien pretende molestar. Y cuando luego, después de dedicar el tiempo y las energías a todo ello, y quede tiempo para el resto, entonces, pensar y plantearnos lo que sea, pero ahora, hoy; no puedo perder el tiempo en nada que no sea vivir; la vida se esfuma y cuándo irremediablemente se esfume, no tendré tiempo para planificar absolutamente nada más lo que haya experimentado hoy.

Puedo plantearme mil historias. Puedo dar mil vueltas a los pensamientos, y puedo hacerme mil preguntas, sin embargo, llego a la conclusión que el sentido de la vida es el mismo sentido que la vida tiene; y no he de darle más vueltas. Sin ir a lo loco, sin desmadres; aprovechar éste instante porque también aunque no sea el mejor momento del día, tiene sentido.