La noche ya pone el punto al día que hoy concurrió entre tus manos, y de nuevo ahora me volviste a decir: —Mañana… Mañana…—. Temprano, voy a ir a buscarte allá donde quiera que estés, y no voy a posponer un segundo más en abrazarte, y convergir en tu corazón tantas experiencias contigo, igual que el anochecer concurre entre ambos. Pronto mañana, será: —Hoy… Hoy—, y con ello, volverás a sentir el brillo del universo en las cosas que vives, y que yo contigo, también las viviré.