-“No hay mejor predicador que la hormiga, que no dice nada”-

(Benjamin Franklin)

Son las hormigas un fiel ejemplo, sobre el hecho diferenciador de lo que suponen las palabras y los hechos.

Poco a poco, pasito a pasito; más que desde grandes palabras y grandes diálogos, una acción siempre hace y supone más que cualquier palabra dicha; ‘vendré’, ‘te quiero’, ‘si me necesitas’… es sin embargo bien diferente, ‘venir’, ‘dar un vaso de agua’, ‘dar la mano’. Diferentes maneras de sentir la vida, pasiva, a la más efectiva, actividad.

No esperar a la palabra de un posible ‘auxilio’. Estar presente, sin dar pie a que las palabras ensombrezcan la presencia de una acción que indican sentimiento de verdadero afecto.