Sigo aquí sentada esperando volver a verte ‘vida’, y de repente, me doy cuenta ‘vida’ que eres tu quien espera por mí.

Necesite un tiempo para educar un poquito a mi corazón, aunque cada dos minutos me abandono a él y nunca trato de ponerle remedio.
Mi vida se engrandece cuando cambio el rumbo de lo incomprensible, de lo doloroso y y de lo difícil por mi felicidad, por mi seguridad y mi propia tranquila.
Pensé era yo quien esperaba y resultó eras tú quien esperó.

Gracias ‘vida’ por haber esperado a que despertase de mi letargo.