Tengo la certeza que, aunque en infinidad de ocasiones trazo mil historias que penetran en el aire, y alcanzan a mi estado afectivo, son palabras del mundo y de mí. Corren tan aprisa cada una de ellas, que mientras las recuerdo para escribir me sacuden el corazón con ímpetu. Cuantas risas no han nacido de cada uno de aquellos disparates que inventamos los dos. Aún permanece con los años viva en mi la complicidad de los innumerables abrazos que escribimos a mano, cuerpo a cuerpo, y también, de las miradas que nos colmaba el espíritu de tanto amor de verdad.

No me pidas que me prive de publicar en el cielo todo cuanto siento por ti. Aunque desaparezca de un plumazo una vez que lo haya trazado, tanto tu como yo, sabemos de buena tinta que lo que vivimos juntos permanecerá para siempre en ese espacio vital, y tendremos la ocasión de recuperarlo siempre que nos apetezca sentir el regalo de todas las situaciones que compartimos, piel con piel.

En este preciso instante tu y yo, mientras el aire nos alcanza el rostro, permitimos que nos seduzcan cuantas palabras nos susurramos al oído, conscientes que también estas serán palabras del mundo y de mí. Mil historias de incontables experiencias que nunca podré borrar del corazón.