Aunque te ausentas con la luz del amanecer, continúo mi camino sin mayores preocupaciones en la mañana que ahora nace. Mientras estiro las sábanas de mi cama canto para ahuyentar a mis males, y para que también mi alma se prolongue con la tuya en el lugar donde habita tu sonrisa. No te alejes demasiado. Si desapareces de mi existencia el sol no volverá a brillar nunca más en mi morada, recuperará su clandestinidad y el desconsuelo planeará igual que antaño por mi corazón. El sentimiento que une nuestro afecto es tan grande y poderoso como el mundo, que no habrá distancia que nos aleje. Mientras te espero, mis males espanto. Te lo digo cantando: —«No me borres de tu mente, que yo a tí tampoco te voy a olvidar».