No pienso alcanzar mi meta de cualquier manera, ni a cualquier precio, porque la meta no merece que me manche el alma poniéndome al alcance de las cosas más fáciles, ni permitiré que por ello el precio sea mi dignidad, mi fe, mi fortaleza, mi presencia. No merezco llegar a ése punto.

Algo puede empezar a cambiar, si me lo propongo, sé que puedo tumbar lo que sea; la tristeza y el olvido. Si lo pienso, caigo en la cuenta que lo mejor no es alcanzar la meta que deseo a cualquier manera y a cualquier precio. He de pensar que si llego por medio de algunas tretas, perderé todo el lado humano, cuando logre la meta, ya que esa actitud, no diría lo mejor de mi misma.

Buscaré y alcanzaré la meta, desde la infinita paciencia que me hará ver desde otro prisma lo que quiero alcanzar. Desde la ilusión, que es una mezcla de pasión y emoción, buscaré con dulzura aquello que deseo con toda la humildad e insistencia que de la que soy capaz, y como no había imaginado, disfrutaré como una enana cuando tenga mi objetivo de meta en mis manos.