¿Por qué si es tan incuestionable lo que significa en nuestro bienestar «correr», «cantar», «reír», «soñar», «querer», «desayunar acompañados» «salir de paseo» y «contar historias» lo relegamos a lo más insignificante?

Si somos plenamente conscientes ¿Por qué dejamos de lado nuestra felicidad? ¿Por qué no compartimos hasta lo más cotidiano? El corazón no puede darse el lujo de sentir a la tristeza ni a la más pura soledad por ese caparazón que evita cualquier contacto. Es tan obvia la alegría que minimizamos cuando no disfrutamos de cada momento de la vida. Lo más sensacional sería exponer nuestra dicha a su máxima potencia al compartir. ¿Por qué tanto sin sentido? ¿Por qué perder la explosión de vida que sentimos mientras nos damos los dos parte de nosotros mismos? ¿Por qué, por qué?