Son los pequeños detalles los que hacen grandes a las personas, y, en definitiva engrandecen la vida.

Por insignificantes que pueden parecer, son quienes al fin y al cabo demuestran a cada instante lo importante que es la gente que quiero en la vida, y en mi vida…
Pequeños detalles que indican sin equivocación posible que aquel que se comunica conmigo se ha acordado de mi existencia y eso emociona mucho.

A pesar de que suelen ser detalles imperceptibles, pueden estar escondidos de múltiples maneras:

Tras un café, una copa de vino o un caramelo.
Tras un guiño cómplice que hace siga por ése camino de la ilusión, la emoción, la fe y la entrega.
Tras un e-mail inesperado que hace sonría al leerlo.
Tras un mensaje que me hace reír a carcajadas, incluso cuando sólo hay una palabra escrita, una frase o una imagen.
Tras una visita inesperada que hace ése momento se convierta en mágico e inolvidable.
Tras un pequeño regalo sin venir a cuento, aunque sólo sea una flor de papel, un dibujo, un poema o una canción.
Tras una sonrisa al vernos.
Tras una frase que me hace sentir genial al llegar, y que me hace reír con la sensación de plena felicidad.
Tras compartir unas horas de cine en casa.
Tras una caricia desinteresada que hace que sienta un chute de energía e ilusión.
Tras Un abrazo porque sí… Y siempre ¿por qué no?…

Adoro los pequeños detalles. Esos pequeños detalles que me alegran el día, que me hacen sonreír, que me hacen sentir importante para los demás, pero más importante para mí misma.
Pequeños detalles que se hacen des-interesadamente, sin pretender nada con ellos más que compartirlo con quien se quiere, y que en ellos se denotan el cariño, y más importante de aquello cuanto no se dice y se hace, se hace y se dice por pudor a dejar el corazón al descubierto.

Me encantan los pequeños detalles. Que aun siendo pequeños, dicen muchísimas cosas de aquel quién quiero y que ensancha mis ganas de vivir.