En este mundo de genios y de genialidades, de insolencias e insolentes existen personas incomparables, lapsos de tiempo inolvidables, y también hechos inexplicables que en ciertas ocasiones alteran mi estado de ánimo. No voy a estimular nunca a la desesperación, ni tampoco a la violencia que me provoque con el fin de estropear la ocasión que vivo. Menos aún le daré la oportunidad de perturbar el resto de mi existencia, pese a que suceda un mal rato, ni cuando pise de forma inoportuna o de igual modo, en el momento que alguien exprese una ofensa.

En multitud de ocasiones, la vida se ubica delante de mí con circunstancias adversas que me regresan de un testarazo a la realidad, poniendo a prueba a mi arrojo, a mi buen afecto por los demás, a mi propia fe de vez en cuando imperturbable, y hasta a mi sosiego más moderado. Estos sucesos me llevan a afirmar, que de no cuidar a lo largo de mi existencia lo que poseo, y disfruto al máximo del hecho de estar viva, corro el riesgo de caer en el más profundo abismo del abandono, y perder de un plumazo todo lo que tengo, y todo cuanto soy.

Personas incomparables, lapsos de tiempo inolvidables, y también hechos inexplicables  que se hacen presencia en momentos inolvidables, y con la capacidad de originar en mi corazón latidos inexplicables. Seres quienes por más inhóspitas que sean las circunstancias que me causan inquietud, y que también originan dolor, que me producen miedo, e incluso de aquellas que provocan cierta angustia, las pasan a un estado mejor de tranquilidad y me conmueven.

Solamente soy capaz de comenzar a comprender lo que sucede, y a tener la certeza que necesito para vivir con sosiego desde el mismo instante que  arrincono a la tristeza que empequeñece a mi vida, y no le doy más fuerza que al poder que sostiene el hecho de vivir en aquellos lapsos de tiempo que son inolvidables.