La rutina silenciosa

Suena el despertador y refunfuño por lo bajo, no quiero levantarme aún de la cama. Apenas hace seis horas que me acosté, y por segunda vez en menos de cinco minutos escucho el despertador avisarme que se me está haciendo tarde. Escojo ponerme en pie antes que me entren ganas de arrojarlo igual que lo haría un atleta con un lanzamiento de disco en el círculo destinado para tal efecto en la pista de atletismo. Me lavo la cara y me cubro el cuerpo con el pantalón corto azul Maya, y una prenda de color azul Capri de punto, con cuello y abotonada por delante en la parte superior que me llega hasta la cintura. Me sirvo el tazón de leche con cereales Kellogg y dos terrones de azúcar, y me desayuno a un ritmo pausado. Ya habrá tiempo a lo largo del día de hoy para darme prisa, igual que haría si fuera a llegar el fin del mundo. Por fin hoy voy hacer todo lo posible por salir de la maldita rutina emocional que me causa gran sufrimiento cada día. Saldré a caminar a ver si te veo por estos parajes y te conquisto, como te conquisté hace cuatro años, con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo; cuerpo a cuerpo.

En ciertas ocasiones me resulta tan difícil llegar a tu corazón, que termino sucumbiendo a la rutina del silencio afectivo, y no quiero seguir estancada en este estado que solo me produce inquietud y desazón por la carencia emocional; no obstante, hago miles de cosas para que sientas sensaciones positivas. No sé si soy demasiado débil, o una loca generosa que se siente necesitada de tu amor. Me asomo a la puerta de casa y pongo mi rumbo en una dirección al azar. Igual que si me pusiera delante de un folio en blanco, comienzo a escribir mi novedoso destino. Recorro las calles y saludo a la gente, doy una vuelta por la plaza y transito entre los innumerables turistas que bajan durante unas horas de las guaguas de transporte de turismo, y a quienes es habitual encontrarlos consultando mapas y haciendo fotos por la zona más antigua de la ciudad. En su mayoría se trata de jubilados, aunque hay gente joven que han venido a conocer la ciudad, y sus lugares más emblemáticos como el Drago Milenario, la Parroquia Matriz de San Marcos Evangelista, la Plaza de la Constitución, más conocida por los Icodenses por el nombre de la Plaza de la Pila y en donde el sonido del agua de la fuente hipnotiza a todo aquel que la visita en cualquier época del año o incluso la Cueva del Viento. Entretanto me siento en el quiosco de la Plaza de Andrés de Lorenzo Cáceres a tomarme el delicioso barraquito elaborado a base de café, leche condensada, leche, canela, limón y licor, allí en el lugar donde el aire remansa a mis pensamientos y desde donde tengo la oportunidad de repasar las imágenes que me han hecho vibrar mientras andaba deseando encontrarte por algún rincón de la localidad. Cojo el periódico local, El Volcán de Icod, y busco anuncios de concursos de literatura. No los he hallado. Antes de volver a casa hago la compra en la tienda de costumbre. Otro día se acaba, y me siento cansada, con una sensación de fracaso por no haberte encontrado por ningún lado. Mi estado emocional se parece por completo a un tiovivo que no cesa de girar y girar. Cansada, y con cierta fatiga, se me escapa la vida, y tú también con ella. Son las ocho de la noche y regreso a casa totalmente exhausta de tanto andar por las calles empedradas y con un malestar en los ojos de mirar de manera concienzuda para todos los lados. El folio que comencé a escribir hace tan sólo cinco horas todavía permanece vacío. Abro la puerta de casa y cuando pienso que voy a estar de nuevo en silencio, y en la más absoluta soledad, estirada en el sofá del cuarto de estar, una caricia recorre con ternura mi cuero cabelludo. De un tris me siento, y no quito mi mirada de la tuya. ¡Qué grande el afecto con el que regresas! Después de no sé cuántos años sin mostrar la más mínima alteración del ánimo, intensa y pasajera, agradable o penosa, me acaricias, y me miras tan afectuoso que mi alma vibra emocionada del amor que siente por un ser tan extraordinario como tú.

La historia que en realidad nunca llegué a escribir, y que sin embargo siempre tuve en mi mente está compuesta de inolvidables experiencias que por ninguna circunstancia nunca las querré olvidar, ya que, de este modo tendré la oportunidad de volver a repetirla cuantas veces me lo pida el corazón y sin caer en la rutina. No obstante, desde este momento cuando te vea ya no me callaré ni un te quiero más y me engancharé contigo en un abrazo que romperá la costumbre o el hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática.

Es raro ser feliz, es una sensación de calma de una extraña intensidad, que va en aumento cuando rompo el miedo a mostrar el amor que siento por los demás a causa de la rutina que me engulle en mi ego hostil, y, sin embargo, cuánto gozo produce en mi interior erizando cada milímetro de la piel.

Por | 2017-09-27T19:37:40+00:00 septiembre 27th, 2017|Relatos&Microrrelatos|5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Alfonso Santaella 28 septiembre, 2017 en 19:40

    La belleza hecha palabra.
    Me emocionas Arancha

  2. Eros 28 septiembre, 2017 en 20:38

    Amiga, he vivido dos situaciones que tú muy conoces como nadie y es muy jodido que las personas que quieres locamente te ignoren o crean que ya sabes que te quieren. Porqué nos cerramos en banda y creemos que demostrar lo que queremos es de flojos… No entiendo esta sociedad que reclama amor y proclama falsedad, y desamor… Ojalá mucha gente se comportara como tu.
    Todo esto te lo podría decir ahora mismo que te tengo a mi lado, y escucho tus suspiros mientras que piensas lo que vas a escribir, JA JA JA JA JA y no lo hago, quiero soltar lo que nunca suelo decir, y me lo has puesto en bandeja. Eres una máquina escribiendo, y tienes todo todo todo mi cariño.

  3. Arancha García 29 septiembre, 2017 en 9:07

    Me sonrojas amigo Alfonso, y déjame que te diga que la sensibilidad que tu también tienes se siente cuando vibra el cuerpo al escuchar las notas de las composiciones musicales que realizas con ganas y cariño.

  4. JAVIER PORTABELLA BOSCH 29 septiembre, 2017 en 10:02

    Aquí hay madera…
    Muy buen escrito…!!!

  5. Arancha García 29 septiembre, 2017 en 19:44

    Recibir estas palabras de halago de usted querido nonno, Javier, es un auténtico regalo para mi estado de ánimo y para mi imaginación. Soy consciente que tengo mucho que aprender, y quiero aprender. Me apasiona plasmar palabras de pensamientos y emociones y no quiero dejar de hacerlo en ningún momento nonno.

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