Después de contemplar a través de mi ventana el cielo durante toda la noche, aún puedo apreciar que las estrellas permanecen encendidas, y van consumiéndose poco a poco en su propia luz al brillo del amanecer, del mismo modo se consume mi alma si no vuelvo a sentir tu presencia. Las estrellas, igual que tú y que yo, vuelan en idéntica armonía a la suave brisa que se sucede al aleteo de los ángeles en cada una de sus puntas, y en cada uno de nuestros corazones inquietos.


Nos despedimos, manteniendo la ilusión de volver a percibir en muy escasas horas la agradable sensación que emana el cielo totalmente estrellado de tanta calidez, de una hermosa luz, y de una infinita generosidad que nos colma de armonía, y de ternura; a la vez que se transforma en la fuerza más poderosa y efectiva que nace del afecto de ambos para vivir a tope el día de hoy tal como vivimos esta noche que ahora se consume.

Tan sólo tengo que desear eternamente seguir contemplándote, y desde este mismo instante continuaré deleitándome hasta la eternidad de la luz de tu presencia.