Tras el silencio de paredes, así, el ser consciente de la necesidad de terceros, se hace cómplices el uno del otro, del uso y abuso de poder.
Ya que. Incomoda fuertemente observar cómo cada vez más se hace verdaderamente presente La ley del más fuerte.

A cada poco más evidente; la confusión del significado de ayuda y atención, con abuso de poder e imposición, por quienes atienden y cuidan a padres, abuelos, hijos, amigos. Trato totalmente injusto, inmerecido e indebido, así como indeseado para quien lo recibe. Puesto, ya de por sí, no resulta grato tener que requerir de los demás, para encima soportar actitudes y comportamientos de esta categoría intimidatoria y degradante.

Incomprensible y rechazable abuso de poder de quien asiste, a quien es asistido; en cualquier sitio, donde haya una situación en la que otras personas requieran de la mano y asistencias de otros… En casa, colegio, grupo de amigos, trabajo…
Principalmente, donde más se hace evidente el silencio y la necesidad de quienes  rodean, y donde en medida, por la cercanía y la natural relación familiar, se origina dentro del entorno del hogar; la que sin desmerecer a las demás, más duele y afecta.

Intolerable comportamiento de quién se excede no sólo en las funciones del cuidado o asistencia, sino del propio trato hacia los demás. Resarcirse incomprensiblemente de sentimientos de impotencia y superación de la propia situación; donde sabedores de sus poderes de función, actúan y se manifiestan a través de ciertas actitudes agresivas y violentas; menosprecios, infravaloración descuidos… Originando miedo e inseguridades en los afectados y necesitados, que en vez de a menos aislamiento, éste aumenta y aísla de todo entorno al que poder acercarse. Poniendo de manifiesto en actitudes del que asiste, el convencimiento de ser un lastre, no ser casi persona por su dependencia.

Situaciones que parecen haber quedado atrás con los años. Cuando el silencio se imponía casi como el propio de cualquier dictadura. Y es que, aunque ciertamente a veces determinadas situaciones hacen despertar la desesperación e un comprensible desasosiego, ello no quiere decir, sean aceptables las reacciones de ira, rechazo, descalificación… Ya que, nadie tiene responsabilidad de los hechos, las situaciones. Ni los pequeños, de cualquier edad, tres, cinco años, por ser pequeños, y por tanto, hacer travesuras típicas de la edad, ; cortarse el pelo con dotes auténticas de peluquero, y si pueden a quien se ponga a su alcance, tirar los juguetes por la ventana, asomarse a ellas, poner los dedos en enchufes a necesitar igualmente de otra parte de cosas de niños, cambio de pañales, biberones, rabietas… Así, como ni los mayores dependientes, necesitar de ayuda de terceros para una actividad normal; aseo, desplazarse, comprensión, ayuda en comunicación… Sin olvidar igualmente el lógico entretenimiento de quienes también tienen derecho a disfrutar; bailar, pintar, visitar parques, estudiar dado en su juventud no tuvieron oportunidad…

Comportamientos de poder, acciones y decisiones unilaterales que hay quién pretenden justificar.
Escudándose tras sentir el ansia, y estrés ante el descontrol de una situación personal, familiar, laboral determinada, en el sencillo hecho de frenarla.
Agobiante tener que cambiar al travieso pequeño el pañal tres veces al día, o más, estar pendientes de no se acerque a fuegos, enchufes, darle el biberón cuando toca; así como de los más adultos, en sus momentos de pérdida de memoria, ayuda para sentarse, acostarse, servir la comida, facilitarle el acceso al centro o sitio de distracción. Resultantes otras situaciones de asistencias de pocas posibilidades de libertad de movimientos, y un descanso continuado… Fiesta a fiesta…
Un tiempo que a simple vista, parece ser desperdiciado por quienes con desgana asisten y cuidan. Gritos, improperios, desatención, falta de cariño…

Comportamientos y actitudes manifestados en abuelos en casa, padres, u cualquier otra persona, ante la realidad que vive, día a día, hora tras hora, en esta incierta situación, que se le escapa de las manos.

Es cuando consciente de que eso puede ser posible… ¡Nunca! ¡¡El fin, nunca justifica los medios!! Indudablemente las cosas, las hacen las personas. Habrá situaciones difíciles, momentos igualmente complicados, en los que cualquier situación haga aflorar los nervios e impotencia. Sin embargo, nada de ello, ninguna de estas actitudes y comportamientos son dignos de justificación. Justificando igualmente que en todos lados cuecen habas. No es signo evidente de comprender. Pues sería dar cancha a la incontención. Dejarse llevar por los momentos y los pensamientos.

Lo más resolutivo, sin evitar por naturalidad las propias consecuencias de la situación real, no tener todo el tiempo deseado para uno mismo; diversión, trato con amigos, lectura, etc., sin perder el control de uno primeramente que principalmente viene de la mano de la comprensión y la tranquilad del carácter personal, para evitar futuros reproches y arrepentimientos personales. Pues se sabe que más vale prevenir que curar. Controlar los sentimientos de impotencia. Mantener la cabeza fría, en esos momentos, lo mejor, tomar aire, respirar profundamente, y si fuera incluso necesario, desaparecer de los alrededores unos minutos, desconectando de lo acontecido, viéndolo con cierta distancia; para no dejarse llevar al final por ningún pensamiento de impotencia, rechazo. Ya que. Las palabras, duelen tanto como un buen cachete. Hirientes y subsistente en el corazón de quien las escucha y siente injustamente en sí mismo.
Sin duda, más beneficioso una retirada, que un arrebato de poder.

Implicarse verdaderamente en el desarrollo diario de quien necesita de los demás.  En definitiva una andadura en conjunto; avance y progreso de la situación así igual de la propia vida, con unión, será sin duda más gratificante, a unos y otros. Afrontar las cosas desde un punto de vista natural. Con buena gana e intención. Sin lastimarse constantemente, regodeándose en las situaciones, negativas y tristes propias… Defender lo indefendible. Justificar lo injustificable.
Pacifico, tolerante, comprensible, no significa ser insensible. Ayudar y estar con quien requiere atención y cuidado, no significa pérdida de tiempo.

Tratar como personas, a las personas. Sin menospreciar e infravalorar, desatender a quien requiere de un poco más de atención. Sin olvidar, que un día se fue niño, mañana se será mayor.
Rechazar tajantemente cualquier abuso de poder.

Puesto la ley del más fuerte, no siempre se termina cumpliendo.

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