De lleno, ante una crisis volcánica, la isla del Hierro, los herreños y los Canarios en general, estamos con el alma en vilo, expectantes de lo que pueda ocurrir, y desde luego, no es para menos.
Alerta máxima, con el rojo apuntando todos los semáforos vulcanológicos; asusta imaginar cómo puede ser la erupción en la isla herreña.

Sin hacer juego fácil a su nombre, más en estos momentos, se encuentra más calentita que nunca; como un hierro cuando el herrero le está dando forma.

Con algunos avisos en un principio, luego descansando y pasando “desapercibido”, cómo quién no ha hecho nada; era como el volcán quería hacerse notar. Metiendo de entrada, el miedo en el cuerpo, para luego bajar su intensidad; hasta anoche, cuando comenzó nuevamente a dar caña. Tanto que después de tantos registros sísmicos previos y descanso, el Instituto Volcanológico de Canarias, informase y confirmase, de los avisos de los herreños, en que en el mar había habido un movimiento de los fuertes. La lava está buscando salida, y cada vez más se acerca sigilosamente a la costa.

Más de 8000 en 3 meses, son los movimientos que se han podido registrar, con un promedio de 3,4º en la escala de ritger, ahí es nada. Y es que acongoja un poco pensar en todo eso. Los militares preparados de hace días, y los programas de urgencia preparados; las evacuaciones ya una realidad.

Con sus cosas buenas y malas, es ese en parte el precio de vivir en el paraíso, en que a veces la tierra se deja notar.
Ya venía diciendo con quién tenía oportunidad de hablar sobre esto desde que empezó, que todo el movimiento fuerte empezaría cuando menos se esperase, con premeditación y alevosía, cuando todos estuvieran más relajados, como en parte ha ocurrido. Confiados en que por el tiempo desde que empezaron los movimientos, terminaría por relajarse, descargaría todo en el mar y volvería a dormirse. Todo indica que no, que en cualquier momento puede dar la nota.

No sé si como unos dicen, la isla desaparecerá; todo son cávalas, creo que no, aunque nadie ni los expertos, los que más dicen saber del tema, saben en realidad lo que puede pasar.
De momento las evacuaciones son una realidad, y son horas en los que todo puede pasar, incluso volver a bajar la intensidad. Ojalá.
Tampoco se trata de alarmar a nadie, a veces exageramos un poco todo, creo que para defendernos de nuestros propios miedos e inseguridades, y poniéndonos en lo peor, es como si estuviéramos concienciándonos, así nos cogerá menos por sorpresa, un poco de excusa mental, digamos.

Recuerdo algún que otro movimiento de cuando más pequeña y la sensación de miedo e impotencia es grande. Ver como todo de repente se mueve, no saber para dónde tirar, desconcierta. No sé porqué la inercia de salir corriendo a la calle, a ver qué dicen los demás, es algo que siempre solemos hacer las personas, ya sea por esto o mismamente cuando hay cortes de luz, etcétera.
En dos tres segundos te descoloca. Luego todo si no se ha caído, roto nada, queda como una anécdota, pero lo que nadie quita es el susto y la experiencia vivida.

De momento a espera de lo que siga aconteciendo espero y deseo que todo quede en eso, una experiencia, unas historias del día “D” para contar.  Que el rojo, pase al verde y que el hierro sea noticia y comentario de nosotros mismos, por otras cosas.