Puedo negarme ante la evidencia. Puedo engañarme a mí misma o por el contrario puedo intentar engañar al mundo, pero no dejaré a la improvisación nada de lo que pueda dejarme en evidencia, pues en la vida nada se calla, ni puedo terminar por engañar. Todo es una evidencia y un engaño, es sólo eso; un engaño que sólo tapa un momento, y que duele toda una vida. No puedo negarme a mí misma la libertad de ver la realidad libremente.

La eternidad de la vida no se queda a la improvisación, y yo misma es algo que lo comprobaré. Si engaño al mundo, me engaño a mí misma. Entonces, mi vida; se desvaloriza y pierde sentido, altero el rumbo, me siento sola, distante… Vivo sin manipulaciones ni engaños. Vivo en la evidencia de la sinceridad y de la verdad. Aunque duela. La evidencia no se calla de ninguna manera. No me engaño y vivo alegre, con el rumbo claro, valorándome, acompañada, cercana… Acepto cada de los efectos que suceden de mis decisiones y, no permito que me aten y me callen. La eternidad, es algo que me hace libre para aceptar y vivir sin miedo lo que decido a cada momento.