Gente que quiere a la gente, que le sonríe, que dice lo que hace, que dice lo que habla, que dice lo que siente, que dice que le anima, que busca su sitio a su lado, que comparte la comprensión de lo que le pasa, y que sufre el dolor con la gente como si fuera suyo.
Gente que ni una cosa, ni la otra, náufragos de su propio espacio vital por el que busca un salvavidas al que agarrarse fuertemente para no perder el sentido de su existencia, queriendo tener al universo encima de sí mismo y de paso mantener su espacio vital desocupado.
Gente que no aprende que a pesar de sus cosas no debe dejar de querer, de sonreír, de no proclamar lo que te hace, de no exponer lo que te habla, de no dejar caerse en el naufragio de su propia miseria si no es para salir a flote.
Gente que decimos y hacemos todas y cuántas cosas salen por la boca, aportando satisfacción e insatisfacción según lo que reciba y perciba de ti.
No hay nada más grande que estar con gente auténtica. Gente de verdad.