Frente a frente

De la misma manera que si estuviera realmente evaluando el espacio que tu existencia ocupa en mi mundo, reflexiono en aquella fuerza misteriosa que te ha puesto en mi vida sin esperarlo en el lugar, y también en el momento adecuado; como si algo superior a tu mapa interno te hubiera indicado el camino exacto para llegar hasta donde me hallaba.
 Nuestras vidas se cruzaron dado que un buen amigo en común te dijo que me tenías que conocer. Ya se han cumplido diez años de aquel momento: —«12 de agosto, el reloj de la pared anunciaba las seis en punto de la tarde»—. Nos vimos, y además, también nos hablamos por primera vez en la vida. A partir de entonces, nunca más hemos vuelto a establecer distancia entre nosotros.

Supongo que la vida continuamente nos tiene listas algunas sorpresas, y tú, correspondes a un gran hecho fuera de lo común que ha acaecido por completo durante el tiempo de mi existencia.

Cada día, entre la mañana, también la tarde e incluso la noche, he cruzado sola en infinidad de veces el puente de mi vida. Tal vez, en alguna ocasión me sentí sin las fuerzas que necesitaba para cruzar la distancia que debía de recorrer entre un punto, y el otro del camino. No obstante, al encontrarme débil, compruebo que nace en mi interior de manera natural la fuerza que no se puede tocar de los débiles. Desde ese mismo momento en que te conocí, me dejé llevar por el deseo de afecto que fluía dentro de mí; igual que lo hace el agua, la cual, discurre por el río hasta desembocar en un lugar mágico, en donde los cinco sentidos se juntan en un mismo tiempo para pasar con total ilusión de un lado al otro del cuerpo: desde los pensamientos hasta el corazón, y así, confluir a un tiempo los dos en el mundo que siempre hemos tenido el firme deseo de construir, y también de compartir.

Incluso es muy probable que si hubiera que indicar quién de los dos es el más débil, yo resultaría ser la persona que se lleve ese reconocimiento, puesto que, jamás he contado con una fortaleza similar a la tuya. De poseerla, me ayudaría a traspasar sin temor por cualquiera que fuese el puente destartalado que encontrara en la senda por la que transito a diario. Una vez que reconozco esta carencia que ostento tanto en lo físico o en lo moral, también he de decirte que por ti pongo constantemente al descubierto todo el afecto que me ha sido dado al nacer. Además, soy capaz de practicar un descenso en rafting en el río Zambeze en África, si de ello depende que no se desvanezca esta hermosa relación de amistad con la que compartimos cada día de nuestras vidas.

Amigo mío, no será hoy, ni tan siquiera será mañana, tal vez sucederá cuando ni tu, y tampoco yo permanezcamos atentos esperando a que surja de nuevo la más mínima oportunidad de volver a estar frente a frente, tú, y yo; cómplices los dos de nuestra existencia, pero será. Solo entonces, cerraremos los ojos, y cruzaremos de la mano el puente que nos conduce a vivir la vida desde esta hermosa y verdadera amistad, la cual, ya nos une, y además, nos lleva de la mano hasta la eternidad.

Por | 2017-08-06T21:00:29+00:00 agosto 6th, 2017|Personal|6 Comentarios

6 Comentarios

  1. Acaimo 6 agosto, 2017 en 20:52

    Ese afecto que nos hace tener coraje y ser valientes, y esa mistad con la que podemos cruzar los puentes más difíciles de nuestra vida, son bienes incalculables.
    En mi caso si no los cuido, corro el riesgo de perderme en los abismos, y la espuma del éxito, de lo popular, me mete en torbellinos de los que salgo muy desorientado y destrozado.
    Gracias por recordarme lo valiosos que son, un abrazo

  2. Arancha García 7 agosto, 2017 en 7:40

    Exactamente a ese afecto me refiero amigo Acaimo. A mi me pasa igual que a ti, cuando por un momento tomas consciencia que caigo en la desidia, aunque solamente sea temporal, entro en un bucle de desazón, y desorientación que cuando retomo el rumbo de lo verdaderamente importante en mi vida gracias a que son ustedes quienes me dan un tirón de orejas, regreso a poner los pies en el suelo. Un hecho que agradezco de modo infinito.
    Te agradezco a ti, que también me hayas puesto frente de la realidad. Un abrazote grande para ti y el resto de la familia.

  3. elvira 7 agosto, 2017 en 19:16

    Cuando tienes un amigo que te obliga a tener los pies en el suelo, debes de sentirte afortunado, y te juro arancha que ese es mi sentimiento cuando estoy a tu lado, no sólo para robarte la wifi, sino porque eres una tia de puta madre. Siento la palabra, era necesario decirla.
    Me dejaste entrar en tu vida.

  4. Arancha García 7 agosto, 2017 en 23:01

    Yo soy quien tiene la suerte de ser tu amiga, Elvira. Eso sí, de la wifi ya hablamos, ja, ja, ja.

  5. Alfonso Santaella 5 noviembre, 2017 en 18:51

    Ya sabes lo que te admiro y lo cerca que siento tu corazón. Un abrazo

  6. Rita Polegre 5 noviembre, 2017 en 22:35

    Sólo decirte…eres buena amiga!!
    Sabes bucear en los sentimientos.

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