Me podrán quitar todas las cosas que tengo. Me pueden quitar el ordenador, la radio, la televisión, el viajar, el coche, la cama, mis libros con los que vivo aventuras únicas, el deporte, el mar, el sol, la dulce caricia del aire en mi cara, la comida más rica del mundo, saltar o correr, la guapura… Sin embargo, jamás me podrán quitar las ganas, y la ilusión de soñar, las ganas de reír, de querer, de sentirme acompañada y acompañar, de ser sincera, de creer, de superarme cada día en aquello sobre lo que no tengo tanta destreza, y confiar…

Puede que me quiten todo y, eso me duela en la más profundo de mi ser; pero seguro que me recompondré, y esas maniobras no reducirán mis ganas para una vez más continuar con mis sueños, con mi vida, con mis sonrisas destornillantes, con lo agradable que es compartir cada una de las cosas que tengo, con dar todo el afecto que del soy capaz de dar, y, con la fe más rotunda; creyendo en la certeza de algo grande.

Las cosas materiales se evaporizan como yo misma, sin embargo, lo espiritual y lo sentimental se quedan perennes grabadas en mí.