Este nuevo día que brilla se lleva la soledad de mi lado. Vengo a confesarte que vale la pena deshacerme de la aflicción que enturbia mi alma, y desmigaja mis pensamientos en mil fracciones, si con ello puedo continuar contigo. Transcurre el despertar del día y retornas a mí con el resplandor de tu presencia, idéntico a la incandescencia del rojo del amanecer, y donde en un periquete de nuestra charla deshaces cada una de mis palabras, del mismo modo que el calor funde un sabroso helado. También he de agradecerte las veces que haces de confidente y tú apagas con tu afecto la llama que me atormenta el alma; semejante al bombero que valiente arriesga su vida para extinguir cualquier fuego. Nace un nuevo día, y es cuando tú retornas al punto original para moldear mi pasión por la vida con tan sólo un abrazo, y me escapo de las zarpas de la más gélida y desdichada soledad.