Pasa tu turno. Acostumbrados a esperar a que nos atiendan en la carnicería, en la pescadería, en la charcutería, en la panadería, en la farmacia, en los centros gubernamentales, en el despacho, en la cola del tráfico, en el tranvía, en la guagua, en los servicios sanitarios, en la pastelería, en el restaurante, en el veterinario… El tiempo de la vida pasa, y aún en estas circunstancias también podemos aprovechar al máximo el tiempo.

Acostumbrados a ver como pasa el turno, nos lo tomamos con paciencia y filosofía. Comprendemos que debemos esperar a que llegue el turno, y no podemos quedarnos congelados sin sacarle el máximo partido a ese tiempo que parece se detiene por minutos, dejándole pasar sin pena ni gloria. Razón por la que debemos de mantener la lucha, la esperanza, la fe y la alegría en todos los apartados de la vida exprimiéndola, y disfrutándola a tope; ya sea caminando, leyendo, haciendo punto, tomando un refrigerio con los amigos, yendo a pescar, hacer deporte, cocinando, estudiando, trabajando, en la playa, en la piscina, en el monte de barbacoa, sentados en un parque viendo a los nietos, y los hijos jugar… Si no sostenemos nuestras emociones y sentimientos, las inquietudes, los miedos, los sueños y la fe; el tiempo de la vida inescrutable hace pasar turno, y nos arrepentiremos algún día de no haber aprovechado al máximo cada segundo, cada hora, y cada día de la vida.

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¡Pasa tu turno! ¡Comparte, lucha, ilusiónate, siente, emociónate, acompaña y déjate acompañar…! ¡Vive y deja vivir! ¡Da ayuda, pero también pídela! Pasa tu turno sin dejarte llevar por las apariencias, ni egoísmos! Tumba todas las ataduras e incertidumbres. El tiempo de la vida pasa…

… Ha llegado tu turno ¡Exprímelo!