El oso de los ojos azules

Clara, una niña jovencita morena de cinco años; vivaracha y con desparpajo vive las afueras de la ciudad. Cada día baja y sube sola al colegio en el que cursa segundo de secundaria. También, va siempre sola a ballet, al cine, al pabellón de deportes, a las fiestas de la ciudad, y a la cabalgata de Reyes, cumpliendo así su cita de la tarde del cinco de enero.
Nunca los vecinos la han visto jugar en la calle y tampoco en el pequeño patio que sus padres, Lara ama de casa y Santiago oficial albañil tienen muy bien cuidado, repleto de margaritas, gladiolos y geranios. A diferencia de su hermana menor Elena, que suele trastear entre las flores.

Una infancia la de clara marcada por la rutina y que aún ahora perdura. Continúa con el delicioso bocadillo de nocilla que cada día le lleva su madre con puntualidad a la habitación, con las matemáticas que ya no son sumas y restas, con los tiempos verbales y la ortografía, con el italiano, además de jugar.

Seis de enero. 06:15 horas de la mañana. Bajo un frío inhóspito y, después de despertar a su hermana Elena, Clara baja de su Buhardilla con los ojos casi pegados, el pijama de dibujos de princesa y descalza para buscar los regalos que sus Majestades los Reyes de Oriente les habían dejado junto al árbol la madrugada del 5 de enero.

Paralizada, desencajada, busca y rebusca, mira los paquetes. Se agacha y sale veloz al sofá.

-¿No me han traído nada Los Reyes?- repite con cierta agonía en su voz- ¡Una tarjeta vacía con luces y canciones de navidad!

Un chorro de aire fresco le roza la espalda, se gira, y se encara a su hermana Elena… ¿Te lo han traído todo?- Espeta con un tono que denota un ligero enfado: «El juego de figuras de barro, el león parlanchín… ¡El oso de los ojos azules!» -Lo deseaba tanto…-

-Clara, apoyada en la butaca que tiene a los pies de su cama, no deja de llorar.

-Le dice la más pequeña: -Clara, quiero darte un abrazo ¿me dejas?-

La mira y piensa sin mediar palabra. La abraza fuertemente y dice: -¡Canija!…- Sin dar tiempo a más, Elena le entrega el oso de ojos azules.

Perdóname canija. Nunca me has dejado sola, soportas mis enfados, las veces que me como la nocilla a escondidas, no te ayudo hacer los deberes, y tú, -titubea -, tú, me regalas «el oso de los ojos azules» que más has deseado en tu vida… sollozando dice: -Tú eres mi mejor amiga, canija…-

Y el oso de ojos azules, sonrió.

By | 2016-01-07T09:20:40+00:00 enero 7th, 2016|Mundo comunicación|0 Comments

Leave A Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies