¿Quién dice que la realidad no supera a la ficción? Y… ¿Quién dice que la ficción no es superada por la realidad? Sin duda ambas circunstancias pueden acontecer sin casi ser conscientes de que acontecen una de la otra.

Una muestra de lo comentado es lo que quiero compartir con ustedes y que mi queridísimo nonno, fantástico, y mágico Javier Portabella ha creado desde la realidad y la ficción, desde la ficción y la realidad, siendo la Buhardilla la protagonista.

Eres grande querido Javier, me has sacado unas carcajadas de las mías Ja, ja, ja, je, je, je 😉

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            La obscuridad de la noche únicamente se veía rota, por el reflejo de las luces de los coches en las gotas de agua de la lluvia que a aquellas horas caía sobre la ciudad de Odessa. El tráfico era escaso y los transeúntes hacía rato que se habían acostado. Solo un hombre con gabardina, paraguas y un maletín de clara hechura de ejecutivo caminaba con pasos rápidos en dirección al puerto. Era Igor Fedorovich, el más famoso de los hackers al servicio de Comintern de la Unión Soviética

            En el interior de la valija metálica de color negro, Igor además de una muda, transportaba un sofisticado instrumento que debía facilitarle la misión que le habían encomendado. Las órdenes del camarada Strelnikof habían sido escuetas y muy claras: Debía apoderarse y destruir el dominio La Buhardilla de Trébol, actualmente en poder de una experta joven chicharrera, que lo estaba utilizando para invalidar toda la literatura moderna soviética, utilizando instrumentos del tipo Tumbando barreras, como  es el libro “Nubes de Sol”.

            Al llegar al puerto se dirigió al muelle número cuatro donde se hallaba atracado el “Yenisei”, un carguero que sólo esperaba a Igor Fedorovich para zarpar rumbo a Nigeria, haciendo escala en Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, al llegar a Santa Cruz, Igor debía desembarcar y dirigirse a Icod de los Vinos donde el día 26 al mediodía se encontraría con la agente ME-26, conocida por Mónika, al pie de su famoso Drago milenario.

            Durante la plácida travesía, Igor se deleitaba leyendo La Buhardilla de Trebol y planeando como debía actuar para cumplir con éxito su delicada misión.

-Ya casi me sé de memoria el libro “Nubes de Sol”, y la verdad es que estoy entusiasmado con él – repetía una y otra vez Igor.

Ya en la hermosa ciudad de Santa Cruz, tomo un taxi que le llevó a la universitaria zona de La Laguna. Igor pensó que estaría más camuflado en algún hotelito o posada de un barrio estudiantil, que registrándose en un Gran Hotel. Al día siguiente y para no dejar rastros de su paso tomó la guagua que va a Icod de los Vinos. A mediodía en punto, una bonita joven de cabello rubio cortado muy corto, hizo su aparición bajo el Drago. La chica abrió su bolso y de él sacó, un billete de 5 rublos al que le faltaba una parte. Igor, sacó de su inseparable maletín de ejecutivo la parte que faltaba, miró a Mónika, y la saludó. La primera parte del plan estratégico había finalizado.

Volvieron a encontrarse a primera hora de la tarde en la cafetería de la Plaza de San Marcos. La segunda parte el plan comenzaba allí mismo, y consistía en dirigirse los dos, con la moto de la chica hasta el teleférico del Teide, que en la zona llamada de La Rambleta alcanza los 3.555 metros de altitud. Solo faltaba subir unos 200 metros para coronar su cima, pero esto no entraba en sus planes. En lugar de tomar el Sendero de Telesforo Bravo, Igor y Monika, torcieron hacia su izquierda y rodeando el magnífico pico del Teide, caminaron hasta situarse en la ladera opuesta a la del teleférico. Allí, muy seguros de no poder ser vistos por nadie. Igor sacó las tres partes cilíndricas que componían su extraño instrumento de trabajo y compuso con ellas un tubo de metro y medio de longitud con aspecto de larga vista o telescopio. Luego introdujo en él un paquete de focos, lentes y cables esperaron a que la oscuridad de la noche hiciera las  estrellas. Cuando ante ellos vieron aparecer la 4ª estrella de la constelación del Carro o Osa Mayor, lugar exacto de Internet en el que se encuentra “La Buhardilla de trébol”, Igor pulsó un gatillo que sobresalía del primer cilindro y disparó contra su objetivo. En aquel preciso instante un rayo de luz recorrió en pocos segundos la distancia entre La Buhardilla y el artilugio ruso, que captó para sí el dominio que hasta aquel momento había sido propiedad de Arancha, la experta chicharrera de Icod de los Vinos.

Así fue como nuestra querida Arancha se quedó sin formato de web. En pocas palabras, Igor y Mónika le hackearon el dominio que poseía.

Pero, puesto que es una gran experta, subió la web sin formato y comenzó a hacer las modificaciones internas oportunas. ¡Y todo arreglado!

¿Se nota mucho que no tengo ni idea de informática y de lo que es internet?

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Se nota queridísimo nonno Javier, que es usted un genio de las letras y de la fantasía, y que ojalá algún día pueda llegar a tener un cachito de esa capacidad suya para crear historias y aventuras, y valga de muestra, desde la generosidad de querer compartir su genio, “azul sobre negro”, “caminando bajo la lluvia” y que a mí me encantaron, entre otras muchas publicaciones suyas que pueden encontrarse ebookation.

Un fuerte abrazo, y me ha encantado que haya escrito -El hacker que se hizo con “La Buhardilla de Trébol”-. Je, je, je. Ji, ji, ji 😉