Después de transcurrir la noche sumergida en un intenso sueño donde sólo me veía volar por encima del mar, y entre las mil gaviotas que emigraban en libertad, tengo el cielo a mis pies y la alegría en mi alma porque tú habitas en mi vida. Me levanto con un enorme entusiasmo y con la mente totalmente despejada; de la misma manera que sopla el viento al ponerse el levante, sin ninguna nube que vague a su alrededor.

Me hallo a medio paso para caer en la rutina, sin embargo, sé que si permanezco contenta voy a volar hasta lo más alto del universo sin que la fuerte corriente que hay en el aire me desvíe del rumbo que deseo tomar, o por el contrario me haga desplomarme de un soplido al suelo. Ahora, no me vengas diciendo que estoy perturbada, y que volar es imposible, si así lo crees, será porque tú nunca lo has intentado. Concede al poniente el placer de elevarte a lo más alto; piel con piel. Quita el IM y pon en marcha el POSIBLE. Sácale fruto a la imaginación, pues, esta atesora un poder sobrenatural. ¡Vuela!