Crezco, crezco y crezco, miro, miro y miro… Cada hecho que crece, que miro, y que vivo, hacen que un sentimiento incontrolable quieran buscarte, y siento como crece, y siento que lo vivo; de verdad crece y vive en mí.

Cada instante, siempre que te siento aún lejos o cerca, el afecto por tí crece, y cada palabra, mirada, regaño, apoyo, reconciliación, duda e ilusión, es un regalo eterno que me das, y jamás muere, jamás.
Bien sabes las mil emociones que viven en mí, porque también crecen, las miras, y las vives en ti.

Eternamente, el afecto nunca muere.