Domingo de Ramos, muchas son las “burritas” que hoy, Domingo, ya habrán recorrido las calles de municipios y lugares de cualquier recóndito lugar; donde se asiente, una ermita, un templo, una capillita. Por grande, pequeña ó sencilla; cada una, llena de fe, pasión y sentimiento. Pues para cada uno, esconde este día, un significado, un deseo especial y diferente. En el fondo un mismo deseo; un acercamiento, y encuentro espiritual.

Último Domingo de la Cuaresma. La que oficialmente comenzó, el miércoles de ceniza, hace ahora treinta y tres días, y que justo terminará, el próximo jueves, Jueves Santo. Cuarenta días, transcurridos. Antes de la Misa de la Cena del Señor.
Cuarenta días, que según la biblia, entre algunas de sus referencias, apuntan al ‘cuarenta’, a lo simbólico de estos cuarenta días, previos a la celebración de la Semana Santa;  con la prueba de los idénticos cuarenta días, en los que Jesús previos a su misión pública, vivió abocado en el desierto. Así como a los cuarenta días a la duración del diluvio, etcétera.
Tiempo los cuarenta muy unidos a la vida de Jesús y del pueblo Judío. Que sin duda, hacen de lo casual de este tiempo coincidente, toda una curiosidad, o al menos a mí así me resulta, el cuarenta, en la vida de Jesús.

Tradicional y esperada, procesión de la “Burrita” que pone el inicio oficial, de la Semana Santa, y con ella, lo concerniente a las diferentes carreras procesionales, y actos litúrgicos-religioso, culturales, que durante esta semana, de recogimiento, fe, y reencuentro, se podrá vivir y sentir intensamente.
Niños y mayores, deseosos de presenciar, la entrada triunfal de Jesús por las calles del municipio. Recibirlo de manera triunfal en procesión. Empezando así, la celebración de los “Misterios de la Pascua y Resurrección”.

Procesión que a la posterior bendición, en la talla de la Burrita, se evidencia.  Inundando las calles de Mucho “verdoso” y amarillo casi blanquecino para la llegada del mesías.
Hojas de olivos y de palmas, que junto ése característicos olor, penetra; se queda y vive, reapareciendo recuerdos y sensaciones en la retina.
Haciendo del ambiente, sea todavía un poco más hoy, especial. Envolviendo todo de sencillez, y un sentimiento interior, que invita a un mayor recogimiento. Un sentido, más interno; es quizás como mejor definirlo.
La fuerza que da al espíritu. Desde la sencillez de unas hojas de olivo y unas palmas.

Color y olor, que impregnan a una mañana de domingo, de Ramos, hoy, que abrió así las puertas, y las carreras oficiales de Semana Santa… “La Burrita”, una de esas procesiones que dejan huella y emotivos recuerdos.

Al menos, a mí me dejo en mi retina, ahora reviviendo para estas alguna de las palabras que comparto.

Recordando cómo días previos al domingo, buscaba el palmito que más me podía gustar, para el domingo procesionar, y alabar así de esa manera el paso, por la entrada al municipio, como la representación de su presencia indica… Momento de alegría y dolor. Pues si bien, a la entrada triunfal de Jesús a lomo de la venerada “burrita; su posterior calvario y crucifixión.

Sin fijarme tanto si el palmito, como desde siempre lo conozco, era muy grande o pequeño. Y, aunque bien es verdad, quería fuera bonito, destacase por su intacta estructura, siempre parecía que el apropiado en tamaño, color, y forma, por atracción, llegase a mis manos.
Un tamaño medio, intacto, sin manchas, cuidado; era el que finalmente siempre terminaba batiendo al paso de la burrita, y al avanzar detrás de la procesión… Alguna vez, vi en la distancia, la agilidad de aquellos hombres, trepando, con una facilidad pasmosa, por entre las palmeras más altas, para alcanzar pues, la palma que consideraban la ideal.

Siendo pues, a pie de calle. Tras los acordes de la Banda Municipal, la Cruz de guía, monaguillos e incienso, cuando sale la imagen de Jesús en la burrita… ¡¡Qué emoción!! Después de días orgullosa, con entusiasmo, preparando y buscando el palmito. La  talla, que representa la figura de Jesucristo a su llegada triunfal a Jerusalén. Sale y avanza. Recorre todas las calles del recorrido de costumbre; y la gente, a pesar de que cada uno tiene sus cargas y situaciones personales, hoy pienso en más concienzudamente en ello, avanzan sin demostrarlo. Las caras de deseos, pasión, emoción, afecto, fervor, se evidencian al mirarlas así como al transcurso de la procesión…
Al tiempo, tras haber completado todo el recorrido, la llegada a la Parroquia Matriz de San Marcos. Donde, no se paró, de alabar un segundo del recorrido, con aclamaciones y gestos, con palmitos y olivos, a la entrada y presencia de Jesús.

Calles repletas de feligreses, curiosos, séquito de sacerdotes y representantes políticos, quienes tampoco faltaron al acompañamiento de la talla durante la eucaristía y la consiguiente y mencionada procesión.
Y aunque reconozco, sacerdotes y políticos, no sea más que una presencia, un acto protocolario, más que de culto. También dan desde su presencia la bienvenida.
Quedándome sin duda, con lo significativo de esta fecha de Semana Santa, Domingo de Ramos; así como la de los feligreses, que sin parar a ver tanto esas presencias eclesiásticas, políticas, y protocolos. Mirando más allá; buscando la resurrección y presencia de Jesús… En mi humilde opinión, quedarse en lo evidente de representaciones y demás, es como, quedarse a medio camino.

Repleto así, de feligreses los rincones de Ycod. Hombres, mujeres y niños, grandes, y pequeños, familias al completo, grupos de amigos; reunidos todos, para compartir juntos uno de los actos más importantes de toda la Semana Santa, dado su inicio, con olivos y ramas en las manos. Tras completar la carrera de hoy domingo, se reúnen y hablan. La Plaza de San Marcos y los alrededores huele, y respira otro ambiente.
Embelesa observar como las calles, son transitadas. Se comparte lo mejor de esta mañana de domingo de Ramos. Habiendo quien incluso planea, para volver a reencontrase en próximas carreras procesionales y actos, que durante este día y el resto de los que inician, el hermoso Ycod, con sus grandiosas y hermosas tallas inundarán las calles del municipio.

Es pues, cuando acabada la procesión de regreso a casa, con la ilusión de haber participado en la procesión de la “burrita”, con el ejercicio de haber vivido un domingo especial, confinar en la habitación, antes o después de almorzar, para pasar un tiempo dando forma al palmito, y guardarlo. Tenerlo presente durante el año, en el rincón más vistoso de la habitación.

Ciertamente, muchos feligreses, penitentes, por no decir la mayoría, portaban durante la procesión su palmito ya trabajado, con impresionantes confecciones. Increíbles, las formas que podían verse; cruces, estrellas, trenzas, faroles, espadas. Una mezcla de estos; así como mil ornamentos que a la imaginación y manos de ellos mismos o de quienes encargaron su palmito para confeccionar y trabajo hicieran, nunca dejó de sorprenderme, así a preguntarme, cómo realizaban esas maravillas.

Artistas y hábiles manos, privilegiadas, que sin duda, debían tener las personas, que ponían tiempo y cariño, en trabajar esas ornamentaciones maravillosas… Sin embargo, siempre esperando a después de la procesión, para dar forma, sencilla. Sin tener antes, hoy, esas manos; menos arte, con las que darle forma. Sí. Por el contrario, ponerle cariño; rizando y trenzando el palmito, hoja a hoja. Rizando, trenzando, destrenzando, con minuciosidad; volviendo nuevamente a trenzar, para luego, al concluir, lucir con orgullo, a padres, hermanos y amigos del trabajo volcado en el palmito de ese año, de Semana Santa…

Era como, después de ser el palmito bendecido, de conservar esa pureza del mismo, a la alabanza de Jesús, recrear y continuar esta fiesta de domingo, que nos acerca al fin de cuaresma.
Un premio de decir, participé, y esta es la recompensa.
Con paciencia y con el buen sabor de boca, disponer a pasar casi media tarde, recreando y anudando, dando forma al palmito.
Un domingo, que amanece y recoge de manera singular y especial.
Palmitos aquellos, del ‘día de Ramos’, que imagino hoy, se continúan trabajando, y ornamentando de mil maneras; como a mi memoria de aún niña, y como cuando de niña, acompañaba a esta hermosa procesión.

Cada uno, creyente de lo que cree, y con fe en lo que cree. Creyendo, que todo acto es respetable. Respetando, lo religioso, como otro tipo de acto, y celebración.

Una semana santa, que con el Domingo de Ramos, me hace sentir, sin poder sentir como quisiera, en vivo, como cuando en tiempos remotos, la entrada victoriosa al municipio de Jesús.
Presencia éste año, tanto de éste día como del resto de Semana Santa, a nivel más personal; más particular, de un significado mayor, así a un sentido significado personal.

Jesús a lomos de la Burrita -Domingo de Ramos-Jesús a lomos de la Burrita -Domingo de Ramos-

Desde aquí, sentir como Jesús entra a “la Buhardilla”, “triunfal”.
Deseosa de vivir y sentir, con él y junto a ustedes esta nueva Semana Santa, que desde hoy empezamos. Más cierta, de manera oficial; con las procesiones y actos que restan, desde hoy por procesionar y acontecer. Para vivir y compartir.

Vivir y compartir, un tiempo de resurrección y crucifixión que ojalá, en plenitud de fe, esperanza y sentimiento, Jesús bendiga.
Impactando lo compatible de lo religioso y agnóstico; incrédulos, todos creyentes de reojo, hacia, quien nos creo, a su imagen y semejanza, iguales todos. Pidiéndole su cuidado y victoriosa protección.

Conscientes de que en momentos, nos acordamos de él.
Un inicio de Semana Santa 2012, que con Domingo de Ramos, hoy, comienza.