Cruzando el puente entre un día y otro, entre la mañana y la tarde, llega el turno de la noche. Débiles pero con la fuerza intocable de los débiles, soñaremos y seguiremos cruzando puentes y caminos que nos llevarán como el agua a algún sitio interesante.
Al llegar sentiremos el deseo de dejarnos llevar, y dejar que los pensamientos y los sentimientos fluyan; mientras dejamos que la cabeza junto con los pensamientos crucen de una parte a otra de nuestro cuerpo, donde los ojos, los oídos, las manos, la boca… Todo cruzará de intensas e inmensas sensaciones que nos harán sentir que cruzamos el mundo y el puente de los sueños.

Sin que el día nos torture. Sin que nadie tenga la capacidad de ponernos en otro mundo que no sea el nuestro. No permitiremos que el futuro, pensar en mañana, nos torture y encadene a nada. No permitir que seamos condenados y torturados a nada que no sea por lo que nos queremos dejar llevar y conquistar.

Puede que parezca tu seguridad que eres débil, que no tienes la suficiente fortaleza para cruzar cualquier puente por destartalado que esté, pero nada más lejos de la realidad.
Sin dudar en el turno que toca, y de esa fortaleza que nos acompaña en el interior para cruzar y surcar cualquier río, cualquier camino por pedregoso que sea.
Porque somos más fuertes que débiles, porque nos gusta soñar y nos hace ser felices y sentir orgullo de nosotros mismo.

Dejarnos llevar por los sentimientos que fluyen en el interior y no permitir que ninguna tortura no sea agradable y simpática.

Cruzando de un punto a otro del teclado, con estos dedos que marcan lo que cruza en el camino del corazón, os deseo la mejor de las vivencias, y tanto para ustedes como para mí misma, desde la debilidad de los fuertes y de los valientes… Cruzad cualquier camino por destartalado que parezca que esté, nos sorprenderá su aguanto. La misma capacidad de nosotros mismos ante cualquier hecho o circunstancias de la vida.