Después del extraordinario, apasionante e inolvidable fin de semana que he recorrido emocionalmente, vengo con mayor fuerza e ilusión para seguir mis propias coordenadas. Exigiré lo mejor de mí misma y disfrutaré de este recuerdo el resto de mis días. Mi vida eres tú. Mi camino eres tú. Siempre proporcionas calor y color a mi travieso corazón. Es tan verdadero el afecto que siento de ti, que cuando me atrevo a sentirlo de verdad vibro de genuina felicidad. Soy plenamente feliz. Tu cariño tiene unas coordenadas únicas que cuando me flaquean las fuerzas o me abandono momentáneamente a la desesperanza y te busco, siempre te encuentro. Siempre vuelvo a encontrar mi camino, siento que renazco, no hay dolor, desazón, malestar. No hay que perturbe a mi alma si estoy a tu lado.

Mis coordenadas para mantenerme firme, positiva, alegre y emocionada se llaman tú, amiga. Tú, capaz de transformar el peor de los pensamientos y de las emociones en la dicha más próspera, cuando me abandono sin saber a dónde me abandono.

Eres la luz que ilumina mi vida. A tu lado no hay una sombra que pueda enturbiar el camino que recorro, mientras sigo contigo siempre de la mano, confiada en mis propias coordenadas, no me canso de andar a tu lado este camino tantas veces inhóspito.

Las cosas suceden. Tú, has venido a darme la mano para seguir recorriendo el camino: la vida.