A pocas horas de que llegue Fin de Año, Año Nuevo; ya con los detalles preparativos de última hora; no por olvidados, o sí en algunos casos, suele ser los menos. Principalmente son esos que por fáciles de hacer, se dejan para lo último.
Sabemos dónde, cómo y con quién celebraremos ¿verdad?
Para ello, nuestras mejores galas, y propósitos.

Si no se ha decidido por viajar. Muchas serán las fiestas y celebraciones organizadas.  Desde la cena más familiar; la abuela, padres, hermanos, primos, tíos, conocidos.
La elegante, reserva en un hotel, de grandes salas con el mejor de los ambientes, servicios, menús.
Igual a la que haciendo un pequeño cóctel de ambas, reunidos en algún lugar espacioso finca, salón, se reunen, cómplices todos donde el disfrute y la opción del buen ambiente, relación con nuestra gente es lo que prima.

Justo e igualmente que en la cena de Noche Buena. Noche excelente, con reunión familiar, toda la noche para compartir y departir villancicos, así como del significado principal por el que realmente son estos días festivos, Navidad: El Nacimiento de Jesús.
De ahí que esta fiesta de fin de Año, aún la prolongación de la celebración del nacimiento  del niño Jesús, tal como indican los escritos, la diferencie su desparpajo, lo menos formal, la conviertan por las celebraciones, pueden encontrarse en cualquier lugar. Son menos familiares, recogimiento.

Muchos son quienes se  congregan en las plazas de los pueblos alrededor de los relojes de la Iglesia del pueblo, que cobran protagonismo, centros culturales u otros espacios amplios al aire libre, allá donde haya un reloj o un televisor en el que tomar las uvas y donde sin conocer al de al lado, parecer conocerle de siempre, reunidos para juntos dar la bienvenida al año nuevo.
Hasta pocos años no era posible decir algo similar. Actualmente la tecnología continúa sumándose a la fiesta, como en principios hecho de pruebas, han ido adaptandose cada año más, para que desde diferentes formas, sonoras y luminosas, todo el mundo pueda tomar sus uvas.

Cada uno con sus Doce uvas, las de la suerte (¿Con pepitas o sin pepitas?… lo tradicional, con pepitas) El correspondiente cotillón; matasuegra, antifaz, pito, confetis, así como los más atrevidos, festeros, ataviados con diferentes pelucas, gorros.
no pueden faltar los sonidos y olor típico de la pólvora, unos de mayor o menor potencia, ruido, color.
Las luces alumbran con potentes focos, acompañan a orquestas, grupos, música en vivo, otros los más caseros, con equipos musicales, radio, televisión ¿Qué importa la potencia, lugar?… Mientras exista ese sonido que haga agradable el ambiente e al cuerpo invite a bailar, mover el esqueleto.
Todo alboroto con independencia del lugar donde celebrar, mantiene un fin común en el que por horas, tiempo indefinido une para al compás de las campanadas pasar de un año a otro.
Tras la “locura colectiva” de las campanadas, tomar las uvas, felicitaciones del Año Nuevo toca continuar celebrando. Es momento. Los buenos propósitos deben dar comienzo, la fiesta, celebración del nuevo año continuar. Lo hará hasta bien entrada el primer día del año, en compañía y lugar querido y elegido para ésta noche de despedida al viejo año y bienvenida al nuevo.

Está claro que Nochevieja, Fin de Año, es momento de celebración.
Doce campanadas
, con las que dejar atrás un año y dar la bienvenida a uno nuevo, 2011.

Sea como sea, se esté donde esté; el paso de un año a otro siempre es tiempo de intenciones, nuevos retos. Con una puesta a Cero es momento emprender los nuevos días, los recién estrenados trescientos sesenta y cinco días. Año nuevo.
¡Feliz 2011!