A quién no le puede gustar contar aventuras, y formar parte de esas locuras que se forman en torno a esas aventuras que a diario vivimos.

Es la historia que brota de nuestras ganas de vivir, y a quién no le gusta vivir la vida.

Una dulzura loca que aunque no haya quién ría ni hable, ni forme parte de la misma, querremos ir a vivirla como unos locos, muy locos, aunque sea el último latido que le pongamos a nuestra aventura, pondremos nuestras ganas que brotan a diario en vivir la vida como unos auténticos locos.

Es nuestra historia, y por tanto, como el mundo es también compartido, no debe formar dentro de lo anormal querer compartir nuestra vida; llenarla de ésa dulzura que brota en nosotros.

Y aunque hay quién quiera dar a entender que no lo entiende, hagámosle ver que en el fondo se quiere unir a ésta aventura de la vida, porque no hay nadie a quién no le guste contar aventuras vividas.

Historias que estallan en nuestras almas y brotan entonces nuestras ganas de vivir, como locos, como auténticos locos, muy locos… Y sin embargo, eso qué importa, a quién no le gusta, y quién no quiere vivir.

Si eso es así, entonces pues, vayamos a vivir, para tener aventuras que contar en esta loca vida.