Durante una semana larga la isla chicharrera ha vivido momentos de incredulidad, angustia, e impotencia por un impasible e implacable incendio forestal.
Devorados casi más de mil doscientas hectáreas de monte; entre flora y fauna, por las llamas así se tratase de un enorme ‘asador antinatural’, los montes de los municipios chicharreros; Vilaflor, Adeje, Arona, Guía de Isora, han  sido consumidos.

Y mientras, a pesar de que aún persisten pequeños focos activos, y por consiguiente hoy la situación parece poco a poco retoma el cariz natural; hectáreas de pino canario y de endemismos quemados. Pinares antiquísimos, y un resplandoroso verdor y olor a pino, pinocha y piñas, así a escuchar y ver la fauna peculiar y única que habita por cada zona, pinzón azul de Tenerife, el pico picapinos, el herrerillo canario o el gavilán común, tardarán años en recuperarse de ésta canallada de la que ha sido víctima los montes de la isla.

Días de incertidumbre y desasosiego tras las dimensiones incontroladas de un ‘asador antinatural’. Donde familias enteras se vieron obligadas a dejarlo todo detrás; explotaciones agrarias y ganaderas, coches, casas. Sin luz, agua, teléfono… Momentos angustiosos y de impotencia porque nada ni nadie podían atajar un incendio que consumía en silencio auxilio, cada trozo de monte.
Y al que entre llamas y desesperación, después de horas de entrega al frente, y retaguardia, voluntarios, y profesionales que desde su profesionalidad y valentía, con una entrega máxima, pudieron controlar y ahora mismo dar por extinguido extinguir éste impasible fuego. Quien a ojo de un turista inesperado y encendido, el recorrió  imparable cada barranco, y paraje por el que pasó. Dejando la huella de una visita indeseada e inesperada, y casi el aviso más alto y peligroso de ‘peligro fuego’ de su visita por los montes chicharreros en estos días de julio, inicio de verano.

Es así como parece que “regresa” a la tranquilidad de la belleza del monte que  éste incendio quiso ponerle fin, y quién dejó momentos que siempre se desea no se repitan, y de lo que no siempre ese deseo termina por cumplirse.

El elemento de vida, igual de destrucción, que bien deja claro también se le puede combatir y derrotar. Puesto, la naturaleza también tiene sentido de defensa y protección y cuidarlo no es cosa de unos pocos. Al tiempo que se disfruta y siente en ese instante propio, a la hora de cuidarlo y protegerlo también debería existir igual miramiento y pensamiento.

Hoy, al menos, la calma y la tranquilidad de saber está extinguido, anima a seguir deseando que continúe así, y a que cuidemos y protejamos. nuestros montes.