Cada vez que te digo cuanto te quiero, lo que te extraño, y también el respeto que tengo hacia ti, tú, huyes acelerando el paso de tus propios afectos. Es tan grande la impresión repentina que manifiestas en el momento que muestro lo que siento por ti, que prefieres reprimir tu pasión.

Sabes bien que puedes refugiarte en la montaña más alta y estrecha si así lo prefieres para no autorizar a que tu corazón se exprese como tú además suspiras. Sin embargo, eres consciente que no podrás ocultar jamás el afecto que también sientes por mí, idéntico al que yo experimento por ti. ¡Me colmas de tanta vida, y me haces sentir tan fantásticamente bien, que por ti, soy capaz de nadar, de pedalear, y de correr en la aventura más arriesgada, y exigente que jamás habré experimentado desde el día en que nací. Es tan grande el afecto que tengo por ti, que no voy a dejar de expresarte cuanto representas en mi vida.

Desde este preciso momento me retiro corriendo a buscarte. Resiste a tus miedos. Pon de manifiesto ante tanto temor, la incalculable pasión que atesoras en tu alma, y ámame sin recelos.