Gracias a la vida porque nuevamente hoy nace el sol, y yo junto a él en este preciso momento continúo expulsando al exterior de mi cuerpo el aire de los pulmones que me hacen respirar fuerte y me sustenta. Habito en mi existencia tan agradecida a la vida por la capacidad que me ha dado para escuchar lamentos y transformarlos en alegrías. Del mismo modo que el sentido para diferenciar lo dulce de lo amargo, que sólo cabe en mí el deseo por darle continuidad a cada una de los gestos, de los sabores y también de los olores que brotan desde mis cinco sentidos. Cada una de las percepciones que me ofrecen me dan argumentos extraordinarios para ser plasmados de esta manera en palabras que me lleguen al alma, a la vez que me hacen vibrar de una actividad esencial que me colma de fuerza vital.
Es tanto aquello por lo que tengo que dar gracias cada día cuando te abrazo después de haberte extrañado, que ahora, al sentirte de nuevo entre mis brazos tomo más consciencia que la vida es dada, y que está realmente hecha para compartirla.
 
Gracias a la vida y a tu afecto incondicional, hoy mi corazón vuelve a latir a pleno pulmón, y vuelvo a respirar amor.